Correlaciones: Buenas noticias del Vaticano
Ya he hablado alguna vez del relato de Silverberg que da nombre a esta entrada, en la que un robot androide acaba entronizado Papa.
El actual Papa, León XIV, que es matemático, por cierto y que cuentan que en parte fue elegido para plantar cara a la Inteligencia Artificial que parece omnipresente, no habrá defraudado a mucha gente.
Su reciente y primera encíclica “Magnifica Humanitas” trata, precisamente, sobre la IA y advierte que aunque tiene aspectos muy positivos, puede acabar siendo profundamente negativa y hasta peligrosa para el futuro de la Humanidad. Y lo hace de manera detallada y muy razonada.
No entraré a resumiros la encíclica (podéis utilizar cualquier IA para que os la lea y la resuma por vosotros; yo lo hice). A fin de cuentas, es un texto muy interesante, pero bastante largo, aunque puede ser algo contradictorio usar, por ejemplo, el ChatGPT a tal efecto. Un signo de los tiempos.
La encíclica es enormemente significativa de este Papa. A fin de cuentas, León XIV parece que escogió su nombre pontifical en alusión a León XIII, autor de otra famosa encíclica, la “Rerum novarum” (De las cosas nuevas o De las nuevas realizades), que marcó un antes y un después en la consideración moral de las consecuencias de la revolución industrial, como ahora esta lo hace sobre la revolución de la IA.
No me duelen prendas en decir que en seguida pensé en la Yihad Butleriana que describe en Dune y otros libros de la saga, Frank Herbert. Un universo en que la Humanidad se ha enfrentado y ha estado a punto de sucumbir a las IAs. El credo básico de la Yihad Butleriana es: “No harás máquina alguna a semejanza de la mente humana”, contenido en la Biblia Católica Naranja, cosa que el autor utiliza como base para desarrollar un universo en que no existen IAs y estas deben ser sustituidas por humanos, a veces de manera bastante extremista.
En fin, que de momento, al menos a corto plazo, no veremos ascender a los cielos al papa robot de Buenas noticias del Vaticano. Veremos si el efecto que tiene la encíclica del Papa llega a ser tan profundo como el que tuvo en su día la Rerum novarum.
