05 enero 2006

Bilenio: el futuro ha llegado

Cuando escribí la entrada sobre "Los pisos patera", no incluí deliberadamente el genial relato corto de J. G. Ballard "Bilenio" (Billenium, 1961) contenido en Playa terminal (Minotauro). El motivo es muy simple: quería dedicarle una entrada para él solo.

"Bilenio" trata sobre un mundo superpoblado en que toda la superficie útil del planeta se divide en ciudades atestadas de gente y espacios agrícolas para alimentar a las famélicas masas humanas. Es el malthusianismo llevado a sus últimas consecuencias.

Dada la falta de espacio habitable, los seres humanos deben vivir en un espacio miserable. Cada uno tiene asignados unos pocos metros cuadrados por "cabeza" y dicho espacio tiende a reducirse porque la población lejos de decrecer, sigue aumentando.

Los coches han desaparecido porque las calles son mareas humanas que están en continuo movimiento y cualquier actividad, como el comer o el ir al baño, suele llevar aparejadas largas e interminables colas.

El relato, escrito en clave irónica, nos cuenta la historia de una persona que descubre un verdadero tesoro: un compartimento secreto en su "estancia" que aumenta significativamente su espacio vital y de cómo compartiendo dicho tesoro, acaba siendo más pobre en espacio que inicialmente.

Cuando hablamos de superpoblación casi siempre tenemos in mente a los países subdesarrollados. Nos imaginamos ciudades como Calcuta, el Cairo, Ciudad de México o Pekín. Incluso, aceptamos que hay ciudades occidentales que son verdaderas megápolis en que el metro cuadrado está cotizadísimo, motivo por el que se construye tanto hacia arriba (Nueva York, Tokio, París, Londres). Pero en general, un escenario como el descrito en "Bilenio" por Ballard nos parece alejado de nuestra vida diaria. Pero reflexionemos un poco...

Cualquier persona que se haya planteado buscar piso, en especial si es joven y tiene pocos recursos, sabe el calvario que ello representa. Aun teniendo intereses bancarios bajos a la hora de pedir la hipoteca, resulta complicado encontrar piso. Un amigo de Barcelona me comentaba el otro día que ha encontrado un pisito de apenas 50 metros cuadrados en la parte antigua de la ciudad por el que le piden 210.000 euros, es decir, ¡algo más de medio euro por centímetro cuadrado! Y seguro que no es lo más caro que hay, incluso en una zona algo degradada.

Añadámosle las condiciones denigrantes en que viven muchos inmigrantes que alquilan entre varias familias un piso moderadamente grande y lo ocupan como buenamente pueden. Eso sí, los alquileres suelen ser aúpa, así que no tienen reparos en subcontratar una habitación o una cama a otros inmigrantes.

La última variación de este tema la conocí hace poco. Las llaman "camas calientes" y consiste en alquilar una cama durante ocho horas, dividiendo el día en tres partes. Así, la cama está ocupada continuamente, por lo que siempre está "caliente" (de ahí el nombre). Hasta estos extremos hemos llegado.

Así pues, ¿es tan diferente esto del mundo descrito en "Bilenio"? Bueno, sí, hay una pequeña pero importante diferencia: se supone que en "Bilenio" todos tenían el mismo espacio, mientras que en nuestro mundo hay terratenientes que poseen extensiones enormes y disponen mansiones descomunales, al tiempo que otros viven en un cuartucho miserable.

Otra de las claves de este relato es la del contraste entre el espacio artificial urbanizado y el espacio natural. En el mundo descrito en "Bilenio" todos las zonas naturales del planeta han desaparecido dando lugar a ciudades atestadas y a campos de cultivo con que alimentar a las masas de población.

Lejos de considerar que los campos son naturaleza, nos son descritos como espacios ordenados y domesticados, es decir, espacios también muertos en los que crece comida, no vegetación.

Estamos pues ante una superpoblación selectiva dentro de occidente. Las desigualdades entre ricos y pobres siguen aumentando y esta vez en nuestra propia casa. El mundo de "Bilenio" lo tenemos ya con nosotros, tal vez en la casa de al lado, tal vez en el piso de encima. Por otro lado, las selvas tropicales están desapareciendo a pasos agigantados para dejar paso a cultivos que, dadas las características del suelo e interrumpidos los ciclos ecológicos naturales, apenas pueden mantenerse unos pocos años. Sería bueno que lo tuviésemos en cuenta.

1 Comments:

At 7:08 p. m., Blogger Errantus said...

Interesante lo que comentas, Yarhel. Lo de las camas calientes es un tema que yo conocí gracias a un exjefe chileno que comentaba sobre cómo era la vida de los mineros en su juventud.

Y respecto a lo de las personas que viven hacinadas en un piso, aquí se les conoce como "familias acomodadas", ya que se acomodan como mejor pueden, 6 en una litera de 2 plazas, con 2 o 3 literas por habitación, 2 en un sillón, un crío en un cajón...

Yo es que hay días que pienso que Ciudad de México es muy similar a aquellas visiones de Cuando el futuro nos alcance, o Blade Runner, especialmente cuando llego a visitar el Centro Histórico. Como dijese un cantanautor mexicano, un hormiguero no tiene tanto animal.

 

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