27 noviembre 2006

El hacker y las hormigas / Rudy Rucker

El hacker y las hormigas es un libro excelente y delicioso… almenos desde el punto de vista de un friqui informático como quien suscribe este comentario. Con ello no quiero decir que sea un mal libro: tiene una trama entretenida, unos personajes más o menos creíbles (aunque tal vez, con demasiadas coincidencias “casuales” en los acontecimientos) y describe bastante bien un mundo que, más que a la vuelta de la esquina, lo tenemos ya entre nosotros.

Pero, como me comentó un amigo que se empezó a leer el libro, tiene mucha cháchara. Pero mucha. Y eso debilita un tanto la calidad final del producto. Otro de los inconvenientes es que está magníficamente documentado. Tanto, que a veces se pasa. Por ejemplo: ¿es necesario especificar que la antena del vehículo al que tiene conectado el ordenador es una lente de Fresnel? Multitud de detalles como éste, harán las delicias de los técnicos, a saber, informáticos e ingenieros, pero lastrarán un tanto la narración para los no “iniciados”.

Claro que no todas las chácharas son rechazables. Ahí tenemos el Criptonomicón de Neal Stephenson, que cháchara en estado puro y con un buen resultado. Y ya que hablo del Criptonomicón, El hacker y las hormigas se parece muchísimo a lo que yo me pensaba que sería el Criptonomicón antes de leérmelo.

La historia trata de un consagrado hacker que trabaja en una empresa de robótica quien se ve inmerso en poco tiempo en una conspiración de alcance insospechado y que es acusado injustamente de liberar por la red una especie de programa-virus, las “hormigas” del título que causan estragos en la red de televisiones digital y de cómo consigue desenredar la trama hasta descubrir qué hay detrás de todo.

Es un libro en el que se habla de inteligencia artificial, comportamiento caótico (la función logística), telecomunicaciones de todo tipo, realidad virtual, virus, lenguajes de programación (se nota que el autor le tiene ojeriza al Lisp), comportamientos emergentes, vida artificial, matemáticas y toda una panoplia propia de los informáticos más recalcitrantes que hará las delicias… de los informáticos más recalcitrantes.

Aun así, intuyo que el libro es perfectamente comprensible aunque no se tengan grandes conocimientos técnicos. A fin de cuentas, vivimos inmersos en la tecnología y es muy difícil estar plenamente al margen de ésta. Es decir, que aunque desconozcamos las notas concretas, nos suenan las melodías generales.

Según Rudy Rucker, él no escribe ciencia ficción sino transrealismo. Sinceramente, no sé qué quiere decir. A mí no me parece muy diferente de lo que hace Stephenson u otros escritores de cyberpunk, con la diferencia de que Rucker sabe muy bien lo que dice.

El hacker y las hormigas tiene el subtítulo de “Versión 2.0”, ya que parece ser que se basa en una versión previa (la 1.0) que ha adaptado y modernizado sobre todo en terminología para que suene todo a siglo XXI y nada a siglo XX. Esto de versionar un libro, me recuerda un poco al Release 1.0 de Esther Dyson.

En fin, un libro entretenido, sin grandes pretensiones ni moralinas, que se limita a plantearnos en qué estado se encuentran algunas ramas de la informática hoy día y cómo pueden afectarnos las nuevas tecnologías que se están desarrollando. Se lee bastante rapidito, sobre todo si se conoce un poco la jerga y como principal “pero” diré que tal vez ofrece una imagen demasiado esterotipada de los hackers un tanto alejada de la realidad actual, aunque hay que reconocer que, en la mayoría de las cosas, hace una perfecta diana.

3 Comments:

At 1:54 p. m., Blogger SiskoCDK said...

¿Quién no le tiene ojeriza al LISP?

Una de las mejores deficiones de LISP es "Lost in Stupid Parenthesis", así que al tanto!

 
At 2:57 p. m., Anonymous Anónimo said...

Ya pero si no eres un "iniciado" como dices tú, creo que no es un libro que nos interese a los demás demasiado creo yo.

 
At 10:32 p. m., Blogger Yarhel (Enric Quílez) said...

Bueno, tampoco es eso, sólo que se pierden algunos detalles, aunque creo que tampoco son significativos. Yo más bien creo que se trata de guiños de complicidad, más que otra cosa.

 

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