03 enero 2006

Las franquicias y otros animales

Una de las críticas que se han vertido con cierta frecuencia sobre el mundo de los libros-franquicia de fantasía y ciencia ficción, como los de Warhammer, Star Wars o Star Trek, es que no aportan nada nuevo al mundo de la literatura fantástica y sin embargo restan ventas a la literatura más tradicional (o más rompedora). ¿Hasta qué punto es esto cierto?

Es difícil determinar la influencia de las franquicias en el mercado del fantástico. Desde luego, no es un fenómeno local sino de tipo mundial. Prácticamente todas las ellas (por no decir todas) son anglosajonas y muchas están basadas en fenómenos culturales ajenos al literario, como las películas, las series de televisión o los juegos de rol.

Por lo tanto, lo primero que cabría preguntarse es si este fenómeno está restando potenciales lectores de verdad a la literatura. Yo creo que en buena parte no. Sí que es cierto que muchos jugadores de rol, trekkies o forofos de Star Wars también son aficionados a la ciencia ficción o a la fantasía escrita y que las franquicias desplazan otras lecturas ajenas al fenómeno. Pero creo que hay muchos más aficionados ajenos al mundo literario. Esta afirmación se sustenta en el hecho de que hay muchos más interesados en las películas o en las series de televisión que no en la ciencia ficción escrita.

Es más, incluso me atrevería a afirmar que muchos fanes de películas y series de ciencia ficción no las ven como tales, sino que las catalogan como aventuras o incluso como fenómenos paranormales (lo digo porque conozco casos concretos).

Así pues, existe una cierta superposición entre ambos ámbitos que pueden restar clientes potenciales a los lectores tradicionales de ciencia ficción, pero dicha intersección no es tan importante. En buena medida se debe al hecho de que una parte del grupo de lectores de ciencia ficción, por ejemplo, suelen rechazar bastante las franquicias por considerarlas fenómenos ajenos al mundillo.

Lo que sí que es cierto y que puede afectar mucho más negativamente es el espacio que ocupan los libros-franquicia en las estanterías de las librerías. Como suelen ser libros con buenas ventas, es evidente que le van a robar espacio o incluso desplazar completamente a libros de J. G. Ballard o de Gene Wolfe que se venden mucho menos y, posiblemente, aportan muchas más cosas al género (aunque a gustos, colores).

Si le añadimos que los libros-franquicia suelen tener una rotación más rápida de género que libros más clásicos, que pueden llegar a venderse bien pero en un período de tiempo mucho más largo, es normal siguiendo las reglas del mercado que los libreros y las grandes superficies primen más a los primeros.

¿Por qué los libros-franquicia tienen menor período de rotación? Creo que es simple: porque se leen deprisa y sus lectores suelen ser más numeros y voraces. Incluso, al estar escritos por diferentes autores, su frecuencia de aparición es menor. Es evidente que un libro-franquicia se lee con mayor rapidez que un libro más denso de un autor más "literario".

Otro elemento negativo es que las franquicias acentúan la fama de literatura poco seria tanto entre el lector como en los libreros y no es de extrañar que muchas veces encontremos este tipo de libros mezclados con obras de carácter esotérico o paranormal.

En resumen, que sí, que afecta, pero es difícil precisar cuál es el efecto real, ya que los públicos lectores de franquicias y los de literatura fantástica clásica, si bien tienen elementos comunes, no son idénticos en absoluto.

No es éste el único fenómeno comercial que sigue pautas parecidas. Dentro del propio mundo de la ciencia ficción o de la fantasía, hay grupos de lectores exclusivamente interesados en un autor o en una temática. En los años ochenta y parte de los noventa, en España había un grupo de lectores que únicamente leían libros de Isaac Asimov y en menor medida de Arthur C. Clarke, mientras que en la actualidad, hay lectores de fantasía que sólo leen a J. K. Rowling (Harry Potter) o a Terry Pratchett (Serie de Mundodisco).

Son muy similares a las franquicias, aunque escritas por un único autor, si bien existen trampas. Por ejemplo, bajo el sello de "Isaac Asimov" toda una serie de autores más o menos conocidos escribieron series de novelas de robots que aún hoy pueden encontrarse en el mercado (Robot City, Robots en el tiempo), al igual que Arthur C. Clarke produjo "en colaboración" con Paul Preuss o Gentry Lee series como las de Venus Prime o Rama.

Algo parecido ha hecho Harry Harrison con su serie de Bill, héroe galáctico en que alguna de sus novelas ha sido escrita a cuatro manos con otro autor (como el recientemente fallecido Robert Sheckley).

También las 3 B's (Greg Bear, Gregory Benford y David Brin) han explotado el fenómeno de las Fundaciones de Asimov, con una nueva trilogía ambientada en la época de Hari Seldon. O el hijo de Frank Herbert, en colaboración con Kevin J. Anderson exprimen el filón de la ya de por sí dilatada saga de Dune con tres precuelas a la primera novela (Dune) e incluso con pre-precuelas sobre el Jihad Butleriano.

Otro fenómeno ligado a las cosas que triúnfan son los libros de acompañamiento. Un buen ejemplo de ello es El Señor de los Anillos que ha generado a su alrededor un fenómeno editorial espectacular de ediciones ilustradas, libros sobre las versiones cinematográficas, ensayos sobre la obra de Tolkien, cursos de Quenya (una de las lenguas de los elfos), recopilaciones de cartas y hasta la publicación de los bosquejos originales de su mitología profusamente comentados.

Y, por supuesto, cuando un libro funciona, no sólo se convierte en saga, sino que además se lleva al cine, se sacan juegos y juguetes de todo tipo e imaginería diversa: vasos, toallas, calendarios... la lista es inacabable.

¿Que Harry Potter vende y Tolkien está de moda? Pues promocionamos los libros de magia y a los amigos de Tolkien, como C. S. Lewis y vendemos Narnia y la llevamos al cine, con la esperanza de otra serie interminable de películas y su lucrativo merchandasing. Y si no, llevamos la Serie de Terramar de Ursula K. LeGuin al cine, en formato animado.

No me extrañaría que pronto apareciese La canción de hielo y fuego en cine o televisión, si es que no la están preparando ya, aunque tal vez esperen a que el fenómeno esté más asentado a nivel mundial o a que Martin decida explotar su filón directamente.

Cuando algo funciona, hay que exprimirlo hasta la saciedad. De ello se quejaba Charles Platt en un polémico artículo titulado "La violación de la ciencia ficción" hace ya muchos años. Si bien no comparto muchas de las cosas que dice, ésta es con una de las que estoy bastente de acuerdo.

Por desgracia, fenómenos como éstos los veremos cada vez más, tanto dentro como fuera de la literatura fantástica, así que más vale que nos vayamos acostumbrando. A fin de cuentas, ¿quién quiere pasar hambre pudiendo nadar en la opulencia?

4 Comments:

At 9:34 p. m., Blogger Nacho said...

Hay un componente muy importante del fenómeno de las franquicias que se te ha olvidado citar y que estaba en el corazón del artículo de Platt (aunque puedo estar equivocado; la última vez que lo leí fue hace dos años).

Los fenómenos franquicia y el de las colaboraciones entre un escritor de éxito y un negro que le hace el trabajo sucio, surgen en un momento en los que las editoriales estadounidenses, en vez de seguir apostando por autores noveles o reediciones de muchos títulos, optan por reencaucar ese dinero. Recuerdo que Platt ponía el ejemplo de la colaboración entre Arthur C. Clarke y Greg Benford. La editorial, ACE, en su perfecto derecho, prefirió dedicar cientos de miles de dólares en comprar esa novela con esos nombres en la portada que seguir publicando los ACE specials. Una colección de libros en los que dieron sus primeros pasos Ursula K. Le Guin, Samuel Delany, Rudy Rucker, Kim Stanley Robinson, William Gibson, Richard Kadrey, Jack MacDevitt o Lucius Sheppard. Y cita cómo nombres que aquí apenas han sido publicados, pero que en su momento prometían mucho (por ejemplo Rudy Rucker) prefirieron dedicarse a otras cosas más lucrativas antes que seguir con sus carreras literarias, completamente frenadas por unas editoriales que preferían meter el dinero en el lucrativo mundo de las novelas de Star Wars, las colaboraciones de Asimov y Silverberg, el Robot City, cualquier novela de fantasía ambientada en un mundo compartido,...

Repito que la editorial estaba en su perfecto derecho de hacerlo. Me niego a creer que ACE specials fuese una colección deficitaria porque, viendo los títulos, ya sólo con el arranque de la tercere serie, debieron cubrir gastos por dos décadas

http://www.strangewords.com/weirdbooks/ace2.html

Y los lectores, si querían (y quieren) más de lo mismo, también están en su derecho (joer, anda que no me habré leído novelas de Star Wars). Pero ¿cuánto ha perdido la ciencia ficción y la fantasía de calidad con esta maniobra que sacó fuera de punto una maquinaria que iba en una dirección razonable? EMHO la enorme crisis de talento en que vive ahora mismo la ciencia ficción estadounidense de primera fila (la que suele optar a los grandes premios yanquis) deriva en parte de cómo se dilapidó la cantera tirando el dinero de esta manera.

 
At 10:11 a. m., Blogger Yarhel (Enric Quílez) said...

No, no me he olvidado :) Es que guardaba ese aspecto concreto para otra entrada del post. Lo que pasa es que no acabo de ver tanto la relación de causa-efecto entre la explosión del fenómeno de las franquicias y el que las editoriales apostasen por caballos ganadores. Es cierto que ambos fenómenos se dan bastante juntos y que a veces se solapan, pero desde mi punto de vista son cosas diferentes.

Por ejemplo, Asimov o Clarke prestaron su nombre a multitud de proyectos que los tenía a ellos poco menos que como marca (hay unos cuantos ejemplos de ello). No obstante no fueron proyectos de franquicia al principio, pues el negro era siempre el mismo (caso de la serie de Venus Prime era Paul Preuss o de las recopilaciones de los Hugo era Martin Greenberg) o bien eran proyectos muy diferentes.

Pero poco después surge la idea de universo compartido que es el núcleo central de la idea actual de novelas-franquicia en el que Asimov también participó, aunque sin demasiado éxito. Creo que donde ha residido el éxito de este tipo de comercialización es en la novelas tipo Star Wars, Star Trek o Warhammer por poner tres conocidos ejemplos.

 
At 2:06 p. m., Blogger Nacho said...

El fenómeno de la franquicia es, en el contexto en que lo utiliza Platt (la ciencia ficción estadounidense), anterior a Clarke y Asimov. Estoy pensando en las dos novelas de Star Wars escritas a finales de los 70 por Alan Dean Foster y publicada la primera de ellas bajo el nombre de George Lucas, que era el nombre que sonaba. Seguramente hay más ejemplos (por cierto, ¿de cuándo vienen las novelas de Star Trek? Mi no saber). Mismamente las obras de Dragones y Mazmorras aparecen a mediados de los años 80 a raiz del éxito del juego de rol.

A lo que voy es que si una editorial parte con un dinero X para hacer su función, en la década de los 60 y los 70 se dedicaba íntegramente a literatura de más o menos calidad. Después también había sus "cosas". Silverberg dejó de escribir a mediados de los 70 (en parte) porque casi todas sus novelas de los años anteriores se habían agotado y no había ningún plan de reedición. Pero con la irrupción de las franquicias y del posterior vampirismo del negro de turno por el figurón, resulta que ese X (o X más lo poco que hubiese inventado) debía dividirse.

Aquí en España tenemos el ejemplo perfecto. Martínez Roca. La colección Gran Super Ficción se mantuvo hasta que se miraron las ventas de los títulos normales y de la franquicia de Star Wars. En cuanto vieron que las novelas de Timothy Zhan habían vendido varias veces más que "334", La serie de La Cultura, "Camino desolación" o cualquier volumen de Los premios Hugo, ¿qué hicieron? Lo mismo que cuando después llegaron los títulos de Conan a la colección fantasy. Triste pero cierto.

No obstante no fueron proyectos de franquicia al principio, pues el negro era siempre el mismo

Creo que para calificar algo como franquicia, más que el dependiente que te atiende, hay que mirar el sello que está detrás (la marca). Es cierto que hay mucha diferencia entre las novelas de Rama escritas por Gentry Lee, las de Venus Prime por Paul Preuss, las de Asimov escritas por Silverberg y Warhammer, Star Trek,... Pero sigue siendo como una especie de McDonalls en la que vas a tomar tu Happy Burguer al estilo de tu autor favorito ^_^

 
At 3:42 p. m., Blogger Yarhel (Enric Quílez) said...

Sí, coincido bastante en tus valoraciones. De hecho, es posible que en su día sí que tuviese influencia en el mercado de ciencia ficción, pero creo que hoy día, la mayor parte de la gente que se compra una novela-franquicia no es o no tiene por qué ser un consumidor habitual de ciencia ficción. La prueba es que la ventas de cf no son enormes (en comparación a las de novelas-franquicia) y sin embargo tenemos una gran diversidad, comparable a la de los años 70-80.

 

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