19 abril 2006

El muro de César Mallorquí

El escritor César Mallorquí nos ha deleitado en su blog con un relato de ciencia ficción inédito en castellano: "El muro de un trillón de euros", aparecido en una antología europea de ciencia ficción.

Se trata de un relato francamente interesante que imagina un futuro no muy lejano en el que la vieja Europa se ha rodeado de un muro tecnológico que la mantiene "a salvo" de las oleadas migratorias provenientes del resto del mundo.

Pero el relato, como suele ser habitual en Mallorquí, es mucho más que el desarrollo de una idea. De hecho, la narración es rica en propuestas. Se nos presenta una Europa dinámica en la que conviven ciudadanos de todas las etnias y culturas junto a una selecta minoría de ancianos con unas vidas alargadas artificialmente mucho más allá de lo que sería natural gracias a un revolucionario tratamiento médico.

¿Es éste el futuro que nos espera? Tal vez. A fin de cuentas, muchos muros separan Europa del tercer mundo. Todos tenemos in mente las recientes escenas de subsaharianos intentando atravesar las alambradas en Ceuta y Melilla o las numerosísimas pateras que cada dos por tres llegan a las costas de Canarias o de la Península, cruzando el océano. Tampoco es preciso detenerse en España: baste ver el muro de cemento que separa a palestinos e israelíes, el que durante décadas separó la Europa comunista de la capitalista o el muro que separa Estados Unidos de México.

Por otro lado, la gerontocracia que imagina el escritor, anclada en el pasado y rememorando una y otra vez sus recuerdos (como el abuelo que siempre explica las mismas batallitas), incapaz de adaptarse a un presente que nada tiene que ver con su juventud, recluidos en prisiones de marfil, es de lo más creíble y recuerda un poco a los remansos para ricos de Ballard.

Tal vez, más que preguntarnos si éste será el futuro que nos espera, sería más conveniente cuestionarnos acerca de si éste es el futuro que deseamos. ¿De veras queremos vivir con un muro protector que nos rodee? ¿Puede que no nos quede otra alternativa? ¿O es que no las hemos buscado? ¿Preferimos seguir imponiendo dictaduras que oprimen a los pueblos africanos y asiáticos, pero que nos garantizan materias primas a buen precio (café, cacao, diamantes, oro, uranio, gas, petróleo, maderas) a costa del sufrimiento y la miseria de multitud de personas?

¿Es conveniente alargar la vida más allá de lo que uno puede disfrutarla? En este sentido, la vida de los ancianos recuerda un poco a la de los Espacianos de Asimov, muy longevos, pero con vidas tristes, aburridas y monótonas. ¿Es eso lo que deseamos para nuestra vejez?

También nos plantea serias dudas sobre la conveniencia de recluir a las personas en ghettos, ni que sean de la última tecnología y de lo más respetable.

Y, en última instancia, es una llamada de atención acerca del fenómeno migratorio en que estamos inmersos que, puede verse como un problema o como una oportunidad. O, en mi opinión, simplemente, como una realidad que nos desbordará si no tomamos las medidas oportunas que, no necesariamente, deben ser las más expeditivas.

Como nota final, recalcar nuevamente mi pesar por el abandono de este gran escritor de la ciencia ficción. Voces como la suya nos hacen mucha falta.

1 Comments:

At 12:30 p. m., Blogger César said...

Amigo Yarhel: muchas gracias por tu generoso comentario. Desde luego, con lectores tan perspicaces como tú, da gusto escribir. Verás, al leer "El muro de un trillón de euros" muchos se quedan con alguna parte del relato: la cuasi-inmortalidad de esos ancianos, los nemos, la inmigración..., pero rara vez lo ven en su conjunto, que es como creo que debe verse y como lo has visto tú. Concebí todo el relato como una metáfora sobre la actual realidad de la cultura occidental, pero quizá metí demasiadas cosas dentro, no sé... En cualquier caso, muchas gracias por tus amables palabras.

 

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