01 noviembre 2005

El signo del gato / Ray Bradbury

Éste es un libro -básicamente- de retazos. Una recopilación un tanto heterogénea de viejos y nuevos cuentos del Bradbury de siempre. Los primeros, relatos que posiblemente quedaron en un cajón sin publicar; los segundos, lo último del autor que sigue con sus temáticas habituales.

Porque de eso va este libro: de los grandes temas y personajes recurrentes de Bradbury. No me malentendáis: no es un mal libro, ni mucho menos, pero desde luego no está a la altura de otros mucho más bordados e interesantes como la recopilación El hombre ilustrado y a años luz de Crónicas marcianas. No obstante es curioso ver la alternancia cronológica de relatos antiguos y recientes.

Uno de los aspectos que llama la atención es ver cómo los clásicos personajes bradburianos siguen vivos en la obra del autor: la antigua mansión abandonada, la revisitación salvadora de viejos escritores queridos por éste, los trenes, las máquinas del tiempo, las carreteras, los males de la xenofobia...

Otro elemento a remarcar es la poca presencia de relatos no ya de ciencia ficción, sino incluso con elementos fantásticos. La verdad es que es un libro que tranquilamente podría haberse publicado fuera de una colección de género.

En "Crisálida" (1946-1947) Bradbury aborda el tema del racismo, aunque no únicamente. En él se nos dibuja al negro que quiere ser blanco y al blanco que quiere ser más moreno. Dos deseos contrapuestos y con connotaciones sociales totalmente diferentes, lo cual choca, como supongo era la intención del autor. Además, dichos deseos se dan en ambos personajes en la difícil edad de la adolescencia, período de transformaciones en que el ser humano cambia de la edad infantil a la edad adulta como una mariposa en su crisálida. El autor se basa en antiguos recuerdos de juventud para construir este relato.

El tema del racismo y de la relación entre blancos y negros se aborda también en "La transformación" (1948-1949), con crimen y castigo ejemplar. Hay que reseñar que estos relatos se escribieron en una época en que eso de los derechos civiles de la minoría negra no existía.

"La isla" (1952) es uno de esos cuentos tan propios de Bradbury, completamente metafóricos, que no se entienden si no se le busca el quid. En él nos transmite los problemas que conllevan un excesivo aislamiento e individualismo y una preocupación casi paranoide por la seguridad, que se viene abajo al menor contratiempo. Un relato de plena actualidad y que bien podría describir muchas de las cosas que le están sucediendo a la sociedad norteamericana de nuestros días.

"Antes del amanecer" (1953) es un relato de refugiados del futuro que viajan al pasado para huir de un mundo terrible sólo sugerido. No es la primera vez que el autor toca este tema utilizando además el viaje en el tiempo. Tal es el caso del relato "El zorro y el bosque", contenido en El hombre ilustrado. Es, pues, una temática recurrente la de los viajeros del tiempo que se refugian en un pasado más sosegado, huyendo de un futuro poco halagüeño. Otras veces, se refugian en el campo, alejados del mundanal ruido y otras en el Marte bradburiano. Se trata del tema clásico de la huída de la modernidad desquiciada.

"Al jefe, salud" (2003-2004) es una divertida parodia de lo que podría suceder si unos senadores acalorados se jugasen los Estados Unidos en un casino... y perdiesen. La verdad es que parece un guiño a la sátira de los Hermanos Marx sobre la compra de Manhattan a los indios que la habitaban.

"Actuaremos con naturalidad" (1948-1949), al igual que "El signo del gato" (2003) y "Cuando llueve me pongo triste (Recuerdo)" (1980) son algunos de esos relatos más o menos autobiográficos, más o menos acordes con los gustos del autor, que no parecen contener elementos fantásticos de ningún tipo.

"¡Olé, Orozco! ¡Siqueiros, sí!" (2003-2004) es una de las pocas piezas que encuentro destacables en este libro. Versa sobre el origen de una determinada obra de arte y de cómo ésta se revaloriza considerablemente cuando el autor muere y con él, la verdadera historia del origen de la obra. Bradbury nos hace ver cómo el valor artístico de una obra depende, esencialmente, del prisma con que se contemple.

"La casa" (1947) nos muestra otro de los personajes favoritos del autor: la mansión solariega, en este caso, a reformar. La casa se convierte en el nexo de unión, en el objetivo vital de los dos integrantes de una joven pareja.

"El tren fúnebre de John Wilkes Booth / Warner Brothers / MGM / NBC" (2003) , en palabras del autor, "no tendría que llamar la atención, dado que vivimos en una era en la que la publicidad parece ser una manera de vida, se desconocen las realidades de la historia y no se celebra a los héroes sino a los villanos". A nuestro alrededor tenemos ejemplos más que sobrados de lo que dice.

"Muerte de un hombre precavido" (1946) expone, con toda crudeza, cómo el amor ciego y la confianza en el otro pueden llegar a ser terriblemente peligrosos, en especial, cuando este sentimiento está acompañado de una enorme autoconfianza y se disfruta del peligro del riesgo de manera excesiva.

"Triángulo" (1951) es un planteamiento interesante de un triángulo amoroso entre dos hermanas y un hombre.

"La hormigonera mafiosa" (2003) es un título un tanto peculiar para un relato sobre viejos escritores admirados por Bradbury y sobre cómo viajar en el tiempo para revisitarlos. La temática y el tratamiento es similar a otros relatos, como "Los últimos sacramentos", en Más rápido que el ojo

"Los fantasmas" (1950-1952) es un irónico relato sobre la contemplación inocente de ciertos sucesos desde los ojos de unos niños.

"¿Dónde está mi sombrero? ¿Por qué tanta prisa?" (2003) rememora el manido tema literario del Carpe diem, con un final inesperado.

"Sesenta y seis" (2003) combina dos temas típicos del autor: el tratamiento de la autenticidad, con el de las viejas carreteras, todo en un ambiente mágico de fondo.

"Cuestión de gustos" (1952) es otro de esos relatos que dejan huella. Los hombres llegan a un planeta habitado por una especie de arañas gigantes, bondadosas y enormemente civilizadas, pero los miedos ancestrales de los humanos no les permiten relacionarse tan abiertamente como las arañas desearían. La conclusión es estremecedora y es un alegato de primera magnitud en contra de la xenofobia.

"Todos mis enemigos están muertos" (2003) es un relato de vejez. Cuando uno envejece y todos los amigos, uno tras otro van cayendo, se siente cada vez más cerca a la Dama de la Guadaña. Pero no menos cierto es que la pérdida de los enemigos puede ser igual de traumática. También es una revisitación al amigo buen samaritano que aparece en otros relatos del escritor.

Finalmente, "El completista" (2003-2004) es una narración sin mayor trascendencia, aunque con un final verdaderamente inesperado.

Concluyendo, la lectura de este libro no desagrada, pero deja una cierta sensación de incompletitud: Bradbury es capaz de mucho más y apenas se puede señalar un par de relatos que destaquen mínimamente sobre el resto, no siendo éstos tampoco ninguna maravilla comparados con los mejores relatos del autor.

No obstante, si te gusta Bradbury como a mi me sucede, cualquier material con un mínimo de calidad (y éste lo tiene) siempre es un disfrute.

3 Comments:

At 1:02 a. m., Blogger Legabal said...

Es un buen autor Bradbury. Tu blog es bueno, adelante.

 
At 3:21 p. m., Blogger Cosmito said...

Muy interesante reseña. Muy interesante blog. Saludos.

 
At 4:52 a. m., Blogger LE MON said...

yo busco el libro en linea o en pdf pero no lo encuentro , alguien puede ayudar? por favor.
mil gracias
morelhia74 arroba yimail punto com

 

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