10 diciembre 2006

Coincidencias increíbles

Estamos bastante acostumbrados que en muchas novelas de aventuras, el personaje se salve por los pelos mediante un as que tenía guardado en la manga. Otras veces, un acontecimiento extremadamente improbable desencadena una serie de acontecimientos que, en condiciones normales, jamás hubiesen sucedido.

¿Son estos recursos algo propio de las novelas de aventuras o suceden tales cosas en la vida real? Pues aunque pueda parecer increíble, tales cosas suceden y más a menudo de lo que nos pensamos. A fin de cuentas, el ser humano no está acostumbrado a lidiar intuitivamente con los conceptos de probabilidad y por eso es tan fácil engañarnos en según qué cosas.

Supongamos que queremos saber qué probabilidad existe de que ocurra un suceso de esos que se llaman altamente improbables. Vaya, un milagro. Esas cosas que sólo pasan una vez de cada millón de veces. Puede parecer que algo así nunca sucederá, pero pensemos un poco…

A lo largo del día hay muchas ocasiones en que nos puede pasar algún evento de esos de uno entre un millón. Para redondear, supongamos que lo limitamos a 50 momentos por día: cada vez que giramos una esquina, cada vez que llamamos por teléfono, cada vez que iniciamos una conversación, cada vez que vamos a pagar algo, etc. Desde luego que hay mucho más que 50 momentos al día en que nos pueden suceder cosas, pero vamos a adoptar un número conservadoramente bajo como es 50.

Ahora escojamos una duración de vida de unos 40 años, que es algo más que optimista teniendo en cuenta la esperanza de vida que tenemos. En 40 años, de 365 días con 50 momentos cada día, tenemos un total de 730.000 momentos.

Calculemos la posibilidad de que nos suceda, en un momento dado, algo muy pero que muy improbable: ya lo sabemos, hemos dicho que 1/1.000.000. Calculemos ahora la probabilidad opuesta, es decir, la probabilidad de que en ese momento no suceda nada: será 1- (1/1.000.000) = 999.999 / 1.000.000. A esta probabilidad la llamaremos p.

Multipliquemos p por sí misma 730.000 veces y obtendremos la probabilidad de que en 40 años no nos suceda nada “milagroso”. El resultado es: 0,48 = 48% . Es decir, casi un 50% de posibilidades de que no nos suceda un milagro. O dicho de otra manera, algo más de un 50% de posibilidades de que SÍ que nos suceda un milagro.

En término medio, a una de cada dos personas le pasarán, a lo largo de su vida, al menos algo tan sorprendente que le parecerá inexplicable. Los milagros están al orden del día. Y ya no hablemos de cosas raras, pero más probables que algo de probabilidad 1/1.000.000.

Naturalmente, nuestra manera de ser psicológica hace que no nos fijemos en los centenares de miles de sucesos corrientes y en cambio magnifiquemos ESE suceso tan extraordinario.

Lo raro no es que sucedan milagros. Lo raro sería que no sucediesen.

Por eso, cuando nos encontremos, ya sea en la literatura, ya sea en la vida real con un evento increíble o un deus ex machina argumental, no seamos tan cínicos pensando que se nos pide un esfuerzo descomunal a la hora de suspender nuestra credulidad, porque estas cosas, a veces, suceden.

1 Comments:

At 8:56 p. m., Blogger SiskoCDK said...

En mi caso no estoy en contra de introducir extrañas casualidades en el argumento de una novela con la condición de que aparezcan al inicio de la trama y no al final.

Al inicio de la novela, sirven para generar planteamientos interesantes que hay que desarrollar con cuidado.

Encontrarlos al final de la novela suele indicar una falta de imaginación/talento del autor.

 

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