16 febrero 2017

Ni permitirás por inacción…



¿Se acuerdan de las 3 leyes de la robótica propuestas por Isaac Asimov en sus relatos y novelas sobre robots? Hagamos un breve recordatorio:

Primera Ley: un robot no puede causar daño a un ser humano ni permitir por inacción que un ser humano resulte dañado.

Segunda Ley: un robot debe obedecer las órdenes que le dé un ser humano, excepto cuando ello entre en contradicción con la Primera Ley.

Tercera Ley: un robot debe proteger su existencia, excepto cuando ello entre en contradicción con la Segunda o la Primera Ley.


Lo cierto es que estas leyes estaban pensadas especialmente para robots humaniformes, que interactuarían inteligentemente con seres humanos. Esos robots, tal y como fueron concebidos por Asimov aún no existen, aunque tal vez no estén tan lejos como pudiera parecer.

Ahora, la Unión Europea ha decidido poner un cierto orden legal respecto a los robots, a los que denomina como “personas electrónicas”. Una de las leyes que quiere implantar es que los robots paguen impuestos y que coticen en la seguridad social. Vaya, que no sean simplemente carne de cañón que les quiten alegremente los puestos de trabajo a las “personas de carne y hueso”.

La verdad es que en el mundo neoliberal en que vivimos, la propuesta me ha sorprendido. Por supuesto, me parece fantástico que quienes trabajan, aunque sean robots, paguen impuestos. La cuestión es que hay un antiguo precepto legal según el cual, pagar impuestos concede derechos legales y políticos. ¿Podrán votar los robots trabajadores en las elecciones municipales?

La propuesta puede parecer ridícula, aunque yo ya he visto cosas más sorprendentes, así que no lo descartaría. Ya me veo a los políticos visitando las fábricas robotizadas y dándoles la manita a sus moradores, implorándoles su voto…

Por otro lado, otra de las propuestas es que los robots tengan el equivalente de la Primera Ley, que se cumpliría mediante la existencia de un botón de autodestrucción del robot, por si se desmadra.

Es curioso que el Parlamento Europeo haya decidido legislar sobre un tema que aún está bastante verde, como es el de la inteligencia artificial, aunque en el caso de los impuestos, ya no me extraña nada. Si los humanos los pagamos casi por cualquier cosa, tampoco me sorprende excesivamente que los robots sean los siguientes en la lista.

17 enero 2017

Correlaciones: la filoxera, los plátanos y Connie Willis



¿Qué diantre tienen que ver la filoxera, los plátanos y Connie Willis? Pues mucho más de lo que parece. Comencemos por el principio: con la filoxera.

La filoxera es una plaga que atacó ciertas variedades de viña que eran las más comerciales en Europa y acabó con el cultivo en pocos años, produciendo una hecatombe económica a principios del siglo XX en nuestro país. La cosa se solucionó utilizando injertos de pies de viña americana, que eran (y son) inmunes a la plaga.

Pero las amenazas a los cultivos comerciales no se acabaron con la filoxera. Algunos productos, como el cacao también están amenazados. Y por supuesto, ahora se presenta la amenaza con los plátanos. Prácticamente todos los plátanos que se producen comercialmente en el mundo pertenecen a la variedad Cavendish, que sustituyó en los años 40 del siglo XX a otra variedad que fue casi extinguida por una plaga.

Ahora una variedad de la plaga ataca también a la variedad Cavendish, con lo que la producción mundial de plátanos se ve amenazada también. ¿Cómo será el mundo dentro de unas décadas? Tal vez no tengamos ni cacao (chocolate) ni plátanos, o serán unos productos tan caros y raros que habrá que pagar verdaderas fortunas por ellos. Un poco como el caviar de esturión.

Y aquí llegamos hasta Connie Willis, escritora de ciencia ficción que en algunos de sus relatos y novelas describía un mundo sin gatos ni perros, extintos debido a una plaga descontrolada salida de algún laboratorio. Podemos ver un buen ejemplo de ello en El último de los Winnebago (“The Last of the Winnebagos”, 1988, Premios Hugo y Nebula, 1989).

La pérdida de diversidad genética no sólo amenaza a especies desconocidas de la selva amazónica. Baste ver los serios problemas que están teniendo las colonias de abejas melíferas, producidas por a saber qué: se barajan desde causas ambientales, virus, predadores, pesticidas, etc.

Tal vez el futuro sea un lugar mucho menos diverso que al actual, lo cual sería una verdadera pena y tal vez una tragedia de grandes proporciones. El hombre y su Antropoceno se han convertido en la causa de extinción de especies más grave de los últimos millones de años. No en vano se habla de la “Sexta Extinción”.

Esperemos que la Humanidad sea capaz de reaccionar a tiempo y detener la catástrofe, aunque yo cada vez soy más escéptico. No sólo porque hay muchos intereses económicos en contra, sino porque la gente cada vez pasa más de todo y la ignorancia en temas ecológicos (que no ecologistas) es cada vez mayor en nuestra sociedad.

02 enero 2017

Correlaciones: el retorno de Asimov



Últimamente no paro de oír noticias que avisan sobre una inminente pérdida masiva de lugares de trabajo –más o menos no cualificados- a costa de una teórica robotización de estas plazas laborales.

Los robots y las inteligencias artificiales se ven como una gran oportunidad empresarial: son relativamente fáciles de amortizar, no protestan, no enferman, no dan problemas “innecesarios”, no cobran… en fin, el sueño húmedo de muchos neoesclavistas de hoy en día.

Lo cierto es que este mundo ya empezó con la industrialización. Recordemos a Ned Ludd y sus luditas. La cosa no ha parado. De hecho, ha ido in crescendo. Hoy día es normal encontrar fábricas en las que no existe la menor intervención humana o, como mucho, una de residual.

La cuestión es dónde se traza la línea, si es que debe hacerse tal cosa. Se puede entender que los robots asuman tareas repetitivas, aburridas o incluso peligrosas. ¿Pero deben sustituir también a los humanos allí donde éstos son realmente eficientes?

Yo creo que esa debería ser la línea. Si voy a un hotel, sinceramente, quiero que me atienda una persona, no un robot o una grabación enlatada. Si tengo un problema, sé que el humano, en general, lo resolverá mejor y si hay un incendio a media noche, qué queréis que os diga, a pesar de que a veces dejan que desear, prefiero que me guíe una persona, que será capaz de reaccionar mejor ante un imprevisto.

Y no, no quiero que un coche automático me lleve por las calles de una ciudad. De eso ni hablar. Por muy automatizado y probado que esté todo. Sigo confiando más en un taxista con experiencia.

Isaac Asimov será muy citado en este futuro neoludita que se anticipa ya. No será el único, por supuesto, pero me temo que habrá que releer con interés algunos de sus relatos más clásicos.

12 diciembre 2016

Las malvadas IA



Es un clásico de la ciencia ficción la existencia de inteligencias artificiales (IA) que se descontrolan y acaban enfrentándose a la Humanidad. Desde Terminator, pasando por los cylons de Battle Star: Galáctica y, por supuesto, por todo tipo de malvados robots dispuestos a esclavizar al género humano.

En esta línea tenemos el relato "Mendoza se atusó el flequillo", de Eduardo Delgado Zahíno, contenido en Visiones 2015, en donde una inteligencia artificial presa mantiene una curiosa conversación con su captor.

Últimamente, algunos personajes públicos conocidos, como el científico Stephen Hawking nos han advertido sobre la posibilidad de una IA descontrolada. Pero lo cierto, es que el actual nivel tecnológico de la inteligencia artificial deja mucho que desear.

No es que no tengamos a un HAL (2001, Una Odisea en el espacio, de Arthur C. Clarke) o un Mycroft (La Luna es una cruel amante, de Robert A. Heinlein). Es que no pasamos de unas máquinas más o menos superespecializadas que pueden ganar a un gran maestro de ajedrez o de go, pero que se quedan trabadas ante un chiste o una frase hecha.

Ya he comentado en alguna otra ocasión que “el futuro no es que lo solía ser” y esto se nota especialmente en la eovlución de la IA. Uno de los casos tal vez más preocupantes es el de los coches de conducción automática. Ante una situación en que deban escoger entre atropellar a un peatón o poner en peligro la vida del conductor, ¿qué decidirá la IA del coche? O mejor dicho, ¿qué decidirá el programador de la IA del coche?

Las cuestiones éticas sobre las IA están a la orden del día. Yo, por lo que pueda ser, me resistiré todo lo que pueda a viajar en máquinas conducidas por un ordenador. Una cosa es la navegación asistida, que puede ser muy útil y evitar accidentes, y otra muy diferente es poner tu vida en manos de una máquina, pudiendo evitarlo.

05 diciembre 2016

Atractores extraños



La idea contenida en el cuento "Atractor extraño", de Aitor Solar Azcona (Visiones 2015) es muy curiosa y explota un cierto tipo de estructura topológica denominada con el título: atractor extraño.

En la narración, el deambuleo aleatorio por una ciudad acaba atrayendo a los caminantes siempre hacia un cierto punto singular: el atractor extraño, que no deja de ser un concepto actualmente bastante habitual en topología y, concretamente, en la teoría del caos.

El autor ha querido situar en dicho atractor un local regentado por un individuo especial y ha dejado que interactúe con el protagonista.

Ni que decir tiene que la idea me ha parecido enormemente original y es una aplicación muy curiosa de la teoría del caos a la ciencia ficción. Otras dos referencias a la teoría del caos son la explicación que el matemático Ian Malcolm da sobre los sucesos que acontecen en Parque Jurásico de Michael Crichton y la otra, la peculiar y divertida novela de Connie Willis, Oveja Mansa, en la que el atractor extraño es uno de los personajes.

Aunque tal vez, una de las citas más conocidas a la teoría del caos en la ciencia ficción no sea relativa a un atractor extraño, sino al célebre efecto mariposa, tan bien desarrollado en el relato “El ruido de un trueno”, de Ray Bradbury.