¡Mostraos!
Muchas veces me he
preguntado cómo sería un posible Primer Contacto con una civilización
alienígena más desarrollada que la nuestra.
Tal vez Ellos (si existen)
tengan el equivalente de una Primera Directriz (como en Star
Trek) y no les esté permitido contactar con civilizaciones poco
evolucionadas (como me temo que es la nuestra) o demasiado belicosas (como
seguro que es la nuestra).
Pero imaginemos, que es
gratis. Tal vez habría una exploración previa. Algunos fanáticos de los
platillos volantes afirman que ya se ha producido, que han estado aquí. Me temo
que los informes que deben haber llevado a sus mundos nos dejan a la altura del
betún. Por eso, tal vez, desde que todo el mundo tiene teléfono móvil y podría
fotografiar o grabar fenónemos OVNI, estos han desaparecido de la faz de la
Tierra. No quiero ser malpensado.
Por otro lado, tal vez, el
primer contacto sería con una sola persona, como en Chocky
(1968) de John Wyndham o como en “Naves en la noche” (“Ships in the
Night”), de Jack McDevitt (1993).
Podría ser que viniesen en
son de paz y que pasasen bastante de nosotros, como en E.T.
o Star Trek: Primer Contacto (los Vulcanos, no los Borg). O
bien que incluso nos diesen un ultimátum para que nos portásemos mejor:
Ultimátum a la Tierra (1951, 2008).
Desde luego, lo que más
nos gusta es que vengan buscando camorra. El cine los ha retratado de todas las
maneras imaginables: V, Independence Day,
Mars Attacks!, La guerra de los mundos,…
E incluso los hay que
invaden directamente a los seres humanos, como en Alien: el octavo
pasajero y sus secuelas y otras películas por el estilo.
A mí me atrae más algo en
la línea de Encuentros en la tercera fase. No creo que la Música
sea tan universal como se dice, pero me parece una idea magnífica de usarla
como lenguaje de comunicación. Aunque personalmente creo que será algo más en
la línea de Contact de Carl Sagan y serán las Matemáticas el
lenguaje universal empleado.
Otra opción es que lo que
nos encontremos esté tan allá de nuestra capacidad de comprensión, que no haya
manera de comunicarse. Tal es el caso de Fiasco o
Solaris, ambos de Stanislaw Lem o la enorme 2001.
Una odisea en el espacio, de Stanley Kubrick y Arthur C. Clarke.
Es posible que el Primer Contacto
no sea directamente con una civilización extraterrestre, sino con algún
artilugio suyo, como en Pórtico y sus Heechees, de Frederik
Pohl, o en Cita con Rama (y secuelas), de Arthur C. Clarke.
Sea como sea, si esto
sucede alguna vez y nos llegamos a enterar la mayoría de seres humanos (no
olvidemos tampoco las teorías de la conspiración), nos cambiará como especie y
nada volverá a ser nunca igual. ¡Que se lo pregunten a los índigenas
norteamericanos sobre la llegada a América de los europeos! ¡Y eso que éramos
de la misma especie y estábamos a poca distancia cultural!
Más sobre la paradoja de Fermi
La paradoja de Fermi
afirma, grosso modo, que si el Universo está lleno de civilizaciones
inteligentes, ¿dónde están? ¿Cómo es que no han contactado con nosotros? ¿Cómo
es que no detectamos su rastro con nuestros radiotelescopios?
Hay muchas posibles
explicaciones, pero si aplicamos la navaja de Ockam –la posibilidad más sencilla
suele ser la cierta- es tan simple como decir que si no los detectamos es
porque estamos solos.
Particularmente, con todo
lo grande que es el Universo, siempre creí que tenía que haber “alguien” más
ahí fuera. Pero después de décadas de observación del firmamento podemos
concluir con una cierta seguridad dos cosas:
-
Al
menos, en nuestra galaxia, no hemos detectado ningún exoplaneta tan habitable
como la Tierra. Solo potencialidades y todas tienen sus peros.
-
Al
menos, en nuestra galaxia, no se detectan señales de radio que parezcan tener
un origen inteligente.
Esto no excluye otras
posibilidades, tales como que los posibles aliens se comuniquen con sistemas
que no emplean ondas de radio o que nuestra tecnología no sea capaz todavía de
detectar planetas potencialmente habitables similares a la Tierra o incluso que
existan otro tipo de planetas potencialmente habitables diferentes de la
Tierra.
En todo caso, siempre tuve
una cierta intuición con el tema de los exoplanetas. La Tierra parece haber sido
un caso muy, pero que muy especial en su formación: distancia al Sol,
composición, abundancia de agua, una luna gigante que estabiliza su eje de
rotación, etcétera. Todo muy ajustado, si queréis, visto desde el principio
antrópico.
Esto me lleva a la
siguiente reflexión: si realmente estamos solos, ¿qué demonios estamos haciendo
con nuestra civilización y nuestro planeta? Nos dirigimos a la ruina y no habrá
quien nos llore o continúe nuestra posible “labor inteligente” en el Cosmos.
Tal vez seamos más
valiosos de lo que nos pensábamos. Ante la inmensidad aplastante del Cosmos, es
posible que almenos en este rincón particular del Universo, seamos la única voz
viva e inteligente. Esto nos confiere una responsabilidad inmensa. Tan solo por
ello tendríamos que tomarnos mucho más en serio nuestro futuro y el de nuestro
planeta, porque no parece haber alternativas por aquí cerca…
Árboles luminosos
Hace poco leí que había en
marcha un proyecto para conseguir árboles bioluminiscentes, que se plantarían
en las calles de las ciudades, para iluminar y sustituir de manera –más o
menos- natural la iluminación artificial y así ahorrar energía y ayudar a
combatir el cambio climático.
Una idea original, desde
luego. Lo primero a lo que que me recordó fue –indefectiblemente- a los árboles
que aparecen en el Silmarillion de J.R.R. Tolkien conocidos
como Laurelin y Telperion, el árbol
dorado y el árbol plateado, que iluminaban Valinor antes de
la “creación” del sol y de la luna.
También me recuerda un
poco a alguno de los fascinantes mundos de George R. R. Martin y sus deliciosos
xenomorfos, con bioluminiscencias nocturnas (“Esa torre de
cenizas”,”This Tower of Ashes”,1976). Y desde luego, no
podemos ignorar el reino por excelencia de las bioluminiscencias: el fondo de
los océanos.
No sé si la idea
prosperará desde un punto de vista práctico (¿tendrán suficiente potencia
lumínica?) o si no habrá una reacción furibunda por parte de los contrarios a
la manipulación genética. Quizá la cosa no pase de un nuevo modelo de árboles
navideños más o menos originales. Lo que está claro es que el futuro será
bastante más extraño de lo que somos capaces de imaginar ahora mismo.