28 enero 2020

Taquiones


En muchas obras de ciencia ficción aparecen unas misteriosas partículas llamadas taquiones, que tendrían la característica de viajar más deprisa que la luz y nos permitirían comunicarnos con el pasado. ¿Son reales?

Podría hacer un chiste y decir que no son reales, pues tendrían masa imaginaria (sea eso lo que sea; si ya me cuesta entender qué es una masa o una energía negativa, no veas con una masa imaginaria).

Los taquiones serían unas partículas que siempre viajan a una velocidad superior a la de la luz. Según esto, existirían tres tipos de partículas: los “tardiones”, que viajan siempre a una velocidad inferior a la de la luz, como pueden ser los protones o los electrones; los “luxones”, que viajan exactamente a la velocidad de la luz, ni más ni menos, como serían los fotones; y los taquiones, que siempre viajan a una velocidad superior a la de la luz.

Estas misteriosas partículas, caso de existir, podrían ser detectadas, pues emitirían radiación de Cerenkov, que es fácilmente medible, pero por desgracia violarían el principio de causalidad (esto es, que las causas preceden siempre a los efectos) y esto no gusta demasiado a los físicos.

A día de hoy, nadie ha detectado jamás un taquión y la mayoría de los físicos creen que no existen, pero claro, nunca se sabe.

En ciencia ficción, se aprovechan estas extrañas características para justificar máquinas del tiempo que permiten viajar al pasado e infligir todo tipo de paradojas, para disfrute del lector, pero me temo que no dejan de ser simples constructos de la imaginación.

Otra posibilidad de viajar en el tiempo sería mediante agujeros de gusano, aunque de eso ya hablaremos otro día.



16 diciembre 2019

Correlaciones: Jerigonzas alienígenas


El lingüista y arqueólogo, Brent Davis, de la Universidad de Melbourne, está haciendo importantes progresos en el descifrado del lenguaje conocido como Lineal A, de la cultura minoica de Creta, que lleva siendo un enigma desde hace muchas décadas.

A diferencia del Lineal B, una especie de griego antiguo, descifrado por Michael Ventris con la ayuda de John Chadwick en el año 1952, el Lineal A -más antiguo- se ha resistido a todos los intentos de descifrado.

Hay otras escrituras (lenguajes, más bien) que pueden ser leídos pero de los que desconocemos el significado de las palabras. Sin ir más lejos, en la península ibérica tenemos el ibérico y en la itálica, el etrusco.

Esto me lleva a pensar que si tenemos tantas dificultades para poder descifrar un lenguaje humano de unos cuantos siglos de antigüedad, en base a unas pocas referencias arqueológicas, cuán difícil no sería descifrar un lenguaje extraterrestre sin referencia alguna.

Tenemos algunos ejemplos, en la ciencia ficción. Por ejemplo, en la película La llegada, basada en el relato de Ted Chiang, “La historia de tu vida”, el hecho de descifrar el lenguaje alienígena, cambia la percepción del tiempo del descifrador.

También nosotros hemos hecho nuestros pinitos, con las placas de oro anodizado que llevan las sondas Voyager o con la señal de radio emitida desde Arecibo en 1974 y que contenía 1.679 bits. En este último caso, la señal fue mostrada en una convención restringida de científicos. Ninguno fue capaz de descifrarla. ¡Y eso que era un producto estrictamente humano y científico!

Viendo esto, no me extraña que escritores como Stanislaw Lem, sean tan escépticos acerca de la posibilidad de comunicarnos con hipotéticas civilizaciones extraterrestres.



13 diciembre 2019

Esperanza


Hace poco me preguntaba dónde estábamos en la actualidad en el mundo de la ciencia ficción. Es decir, ¿hay alguna tendencia que domine el elenco de obras que se producen?

Creo que eso será cada vez más difícil, pues la diversidad ha venido -creo yo- para quedarse. Pero sí que parece ser que empieza a surgir un nuevo subgénero: el hopepunk, es decir, las novelas que describen un mundo futuro lleno de esperanza.

No son propiamente utopías, pero son claramente lo opuesto a las distopías. Me temo que se ha abusado excesivamente de las distopías en el género. La gente necesita creer en algo un poco positivo y ya están hartos de novelas que hablan de mundos apocalípticos consecuencia de la superpoblación, la contaminación y el cambio climático. Era de esperar que habría una reacción. El péndulo sigue oscilando.

Lo cierto es que este nuevo subgénero empieza justo ahora a despuntar. Tal vez acabe por no nacer del todo o solo sea una moda muy puntual, pero creo que después de tanto mundo inundado y de hecatombes zombis, tenía que surgir algo un poco más agradable.

Si la ciencia y la tecnología nos han metido en el embrollo ambiental en que nos encontramos, soy de la opinión que serán la ciencia y la tecnología quienes nos sacarán -en la medida de lo posible- de él.

Ello no quiere decir que los denuados esfuerzos de un montón de gente luchando por un mundo mejor no sirvan de nada. Pero se trata de cambios e inercias inmensas. Por poner un ejemplo: no creo que prescindamos completamente de los combustibles fósiles hasta que la ciencia nos provea de una fuente de energía relativamente barata, universal y no contaminante, que puede ser algo como la energía solar altamente aprovechada, una energía nuclear de fisión mucho más segura y con pocos residuos o la eternamente soñada energía de fusión.

Así pues, el hopepunk podría ser una nueva tendencia de futuro que empieza ahora a sobresalir en la ciencia ficción. Hay quienes creen que no es propiamente un nuevo subgénero. El tiempo lo dirá.