29 octubre 2020

La noche de los cangrejos mutantes

Leo atónito en internet la siguiente noticia: “Cangrejos mutantes autoclonados escapados de programas de reproducción experimental invaden un cementerio belga”. Al principio he pensado que se trataba de una broma rara de algún medio tipo El Mundo Today, pero he comprobado la fuente y parece un diario serio de Bélgica.

 

Siempre he dicho que la realidad supera siempre a la ficción, pero es que esta vez lo ha hecho con creces.

 

Al parecer, cientos de crustáceos clonados, todos ellos hembras, por lo tanto, todas ellas, han colonizado un histórico cementerio de Amberes. Por si fuera poco, las cangrejas se dedican a excavar hasta casi un metro de profundidad y están poniendo en riesgo la biodiversidad de la zona, amén de la paz del lugar, que debe haber quedado muy depauperada. No es plan de ir a ver a tus seres queridos y que te muerda un cangrejo en salva sea la parte.

 

La especie se llama Procambarus virginalis (lo de virginalis ya escama) y de uno de ellos pueden salir multitudes. De hecho, es lo que está pasando. Al parecer, la mutación aconteció hace 25 años y se escapó de un programa experimental. Podemos ver la partenogénesis en acción, a nivel de los crustáceos, eso sí.

 

Los bichitos tienen un tamaño de unos 10 cm y son descritos como “voraces”. En fin, que anda que me iba a acercar yo por ese cementerio de noche. Y no precisamente por los espíritus de Halloween.

 

Y por supuesto, no he podido dejar de pensar en la novela Jem (1979), de Frederik Pohl, en la que se describe un planeta habitado, entre otras especies, por los krinpits, unos cangrejos gigantes inteligentes. No tiene mucho que ver, pero un cangrejo es un cangrejo.

 

Otra referencia a cangrejos voraces, esta vez de naturaleza mecánica, la encontramos en el relato “Los cangrejos caminaban sobre la isla” (1958), del escritor ruso Anatoly Dneprov, quien era físico y tenía ascendencia ucrania. Aquí la amenaza proviene del hecho que los cangrejos mecánicos se reproducen por su cuenta y su población crece exponencialmente.

 

Pero vaya, nada parecido a las cangrejas belgas. Solo queda hacernos una pregunta inevitable: ¿serán comestibles? Algunas especies de Procambarus lo son.