17 septiembre 2006

La experiencia de publicar en internet

Llevo unos cuantos años ligado a internet. Inicialmente fue una cuestión meramente profesional (soy informático), pero rápidamente se extendió a mi vida privada, en especial, a través del chat, que era lo que daba fuerte por aquél entonces (1997).

Desde entonces ha llovido mucho. El chat se ha pasado de moda. Ahora la gente se conecta a través del Messenger en grupos más o menos cerrados (no muy diferente de un canal privado de chat). El mail es omnipresente (y el spam) y la cantidad de material disponible en la www es tan grande que creo que nadie se hace una verdadera idea de lo que hay por ahí pululando, entre redes y servidores.

Mi primer encuentro serio con internet y la ciencia ficción a la vez, fue Cyberdark.net, una experiencia interesantísima y muy enriquecedora, de la que participé activamente con un grupo de amigos y que volvería a repetir con los ojos cerrados.

Allí conocí a mucha gente: algunos fantásticos, otros deleznables y la mayoría poco notorios. Supongo que yo también entro en dichas categorías a los ojos de los demás. También vi cómo se repetían algunos de los problemas que había observado en mi época del chat y cómo surgían otros nuevos.

Tras el cierre de Cyberdark.net, se produjo lo que se ha bautizado como la diáspora naranja. Por diversos motivos, me vi desligado de los proyectos que de allí surgieron de manera directa, como La Tercera Fundación, SeDice.com, etc. Y como otros tantos, abrí mi propio Blog.

Hacía tiempo que venía observando el fenómeno, pero no se me había ocurrido que yo podía disponer de uno. ¿Para decir qué? Pero al ver como muchos de mis ex-compañeros de Cyberdark abrían el suyo y hablaban, la mayoría de ellos, de ciencia ficción y tras los ánimos -especialmente- de Nacho, me decidí a intentarlo.

En una etapa previa que duró muy poco, el blog era muy genérico y hablaba de cosas diversas. Pronto me di cuenta que de lo que quería hablar era de ciencia ficción, casi exclusivamente.

Desde entonces, ha pasado casi un año. He abierto otros blogs, pero el que más me atrae es el primero, éste: El mundo de Yarhel. Naturalmente, tras este tiempo, los problemas que observé en el chat y volví a ver en Cyberdark, se han reproducido en el ámbito de la blogosfera, con pequeñas variaciones.

Creo que podemos catalogar los problemas de editar contenido en internet -más o menos serios- en tres grandes grupos:

1) El anonimato

Ésta es, en mi opinión, la gran lacra de internet: que favorece la existencia de entidades anónimas que pueden aprovecharse de su condición para decir e insinuar cualquier cosa sin tener que preocuparse por las consecuencias de sus actos.

Además, el hecho de actuar desde el anonimato, favorece que muchas veces tampoco se produzca una empatía entre los distintos participantes, al menos no una empatía directa, como la que acontece cuando dos personas charlan en persona.

Este anonimato bidireccional no sólo permite desmanes, sino que, además, inhibe la responsabilidad de los participantes, como si lo que hay al otro lado de la línea, de la pantalla, no fuese real. Como si no tuviese sentimientos o problemas. Pero los tiene.

Así pues, el anonimato genera irresponsabilidad, un cierto infantilismo y falta de empatía para con los demás participantes. Pero yo diría aún más: hace que muchos sentimientos y actitudes larvadas de nuestro subconsciente emanen libremente.

Uno no diría según qué a otra persona, por timidez o vergüenza. Pero pueden llegar a ser sorprendentes las conversaciones que pueden tener lugar entre dos participantes del chat: explicarse toda su vida o mantener conversaciones de naturaleza muy íntima.

Los blogs son algo diferentes, pero no mucho. La gente pone en ellos cosas que a lo mejor no pondría en otro lugar. La virtualidad hace mucho. También tienen el problema del anonimato: si una persona se oculta tras un nick (apodo) y no da detalles de contacto, es imposible saber quién hay detrás.

Además, gracias a la existencia de mails anónimos, nos podemos comunicar con el blogger en cuestión sin tener ni la más remota idea de quién se esconde tras esa identidad: si es una persona seria, si es alguien que se ríe de nosotros o si es un grupo de personas. Y por supuesto, puede llegar a ser en extremo dificultoso, deducir qué intenciones reales tiene.

Esto fomenta la paranoia y la desconfianza. En el chat lo viví especialmente, pero la experiencia se reprodujo en Cyberdark.net y la estamos reviviendo actualmente (¿quién no se ha preguntado qué se esconde detrás del friki bocazas?).

2) La calidad

Si uno quiere publicar un contenido en cualquier medio escrito o audiovisual, se le exigirán unos mínimos de calidad. Lo más probable es que estos mínimos se conviertan en máximos cuanto más serio y caro sea el medio en cuestión. Y es posible que no siempre estemos a la altura y se nos acabe rechazando.

Una editorial seria o una radio competitiva, no permiten cualquier chapuza y, las televisiones, mucho más caras todavía, aún menos. Pero internet, que es prácticamente gratuita, sí que lo permite.

Cualquiera con conexión a internet puede hacerse con espacio gratuito para colgar su blog, obtener uno o varios correos electrónicos o, incluso, disponer de un gestor gratuito de contenidos. Todo sin gastarse un céntimo (a parte de la conexión).

Así pues, ¿qué podemos esperar que prolifere en la red? Pues basura. Podemos definir la basura como nos plazca y mirárnoslo desde el punto de vista que queramos. La ley de Sturgeon ("El 90% de todo es basura") se acabará cumpliendo.

Es natural: la gente no suele autocensurarse. Es como ponerle un suculento prado a una vaca hambrienta. Estará más contenta que unas pascuas. No irá cribando sistemáticamente el pasto, sino que irá picando de aquí y de allá, cubriendo una amplia área y llenando el campo de defecaciones (vale, el ejemplo es un poco escatológico, pero creo que es muy gráfico).

También tenemos que añadirle que la mayor parte de la gente suele tenerse en muy alta estima y se cree que es lo mejorcito del universo. Sin un editor severo que corrija nuestras faltas y que nos niegue el paso cuando la calidad sea insuficiente, el cyberespacio se llena de porquería.

Lo peor, es que todo lo que se acaba publicando en internet acaba con una pátina de descrédito. Es cierto que algunos sitios de la red tienen un cierto prestigio. Por ejemplo, a pesar de la naturaleza colectiva y autoparticipativa de la Wikipedia, ésta suele ser bastante precisa en sus contenidos y cada vez es más consultada.

A pesar de ello, la dificultad de verificar muchas veces la calidad de un determinado contenido (¿quién nos lo va a certificar?) plantea muchísimas dudas acerca de la veracidad de lo que se publica.

3) La volatilidad

Un sitio magnífico y muy visitado puede desaparecer de la noche a la mañana. Esto añade un plus de desánimo y virtualidad a la red de redes. Nadie nos puede garantizar que un sitio que no pertenezca a una institución muy consolidada vaya a seguir existiendo un cierto tiempo.

Un ejemplo clarísimo de ello lo tenemos en Cyberdark.net, una página rebosante de artículos, entrevistas, foros, grupos de discusión, mensajería interna, etc, que colapsó por razones personales de quien lo administraba en muy poco tiempo. Aún así, hubo margen para migrar parte de los grupos y algunos contenidos importantes, como la Biblioteca, pero todo el contenido de los foros, se perdió para siempre.

Nadie nos garantiza que mañana, Blogger no va a decidir cobrarnos una tarifa si queremos mantener nuestro blog en la red. O el servicio puede desaparecer porque sí. Podemos migrar a otro lugar, pero no siempre se dispone de copias de seguridad del contenido ni se domina la informática lo suficiente como para efectuar un traspaso de datos en condiciones.

Todo es etéreo, todo es virtual. Hoy está y mañana ya no. ¿Quién se puede fiar a medio y largo plazo de un sistema que es esencialmente volátil?

Hay muchos más problemas, pero también me gustaría resaltar, al menos, una notable ventaja: internet ha supuesto para un segmento numerosísimo de nuestra sociedad, el acceso a contenidos diversos y la posibilidad de publicar, cosa que antes estaba destinada a una élite minoritaria.

De acuerdo que la calidad se resiente, pero también surgen ocasionalmente algunas perlas que, posiblemente no hubiesen aparecido de no ser por internet. Yo personalmente leo a diario varios blogs que me parecen muy interesantes y que me aportan puntos de vista enriquecedores.

Sólo por este motivo, ya merecía la pena, pero la publicación de contenidos en internet no está exenta de una cierta polémica. He llegado a ver verdaderas barbaridades en la red. Por poner un ejemplo, un blog delirante sobre Terry Schiavo, una burla salvaje y cruel de la trágica situación en que se encontraba una persona en coma terminal.

La autocensura y la autoregulación no existen -en términos generales- en internet, lo que abre el clásico debate de si debería existir alguna norma de obligado cumplimiento. Pero eso, es harina de otro costal.

¿Cuál es mi postura personal ante los tres grandes grupos de problemas que presenta la publicación en internet?

Sobre el anonimato, está claro. A pesar de que publico con un nick, mi identidad real está clarísima. Hace poco, incluso, para evitar cualquier tipo de polémica o de malentendido, añadí mi nombre real a mi nick.

Asimismo, suelo ignorar por sistema aquellas intervenciones que no vengan firmadas por un nombre real o por una identidad conocida. Y desde luego, cuando alguien anónimo efectúa unas declaraciones polémicas, procuro no darle publicidad y no le hago el más mínimo caso. No siempre lo consigo, pero al menos lo intento.

Sobre la calidad, suelo ser exigente e ir aprendiendo de mis errores. Agradezco especialmente los comentarios en el blog cuando alguien cree que he metido la pata o existe una discrepancia con lo que digo. No soy feliz cometiendo errores, pero me alivia bastante el tratar de repararlos y de no repetirlos.

Finalmente, la volatilidad. Cuando hace unas semanas me planteé cerrar el blog, en ningún momento pensé en borrarlo. Tal vez su contenido no sea ninguna maravilla y tampoco es que haya dicho cosas que no puedan encontrarse en otro lugar, pero después de los apoyos recibidos, me hubiera parecido una traición borrar su contenido.

Si alguna vez tengo que dejar Blogger, procuraré efectuar una migración ordenada a otro lugar y si alguna vez me canso del blog, dejaré de actualizarlo, pero seré muy renuente a eliminarlo.

Por lo que a mi participación en otros proyectos se refiere, después del fiasco de Cyberdark, me he vuelto muy selectivo con quien colaboro. No tengo ganas de dejarme la piel en un proyecto que, en definitiva no controlo mínimamente, para que de la noche a la mañana, todo o buena parte de mi trabajo se evapore.

6 Comments:

At 7:51 p. m., Blogger Farseer said...

Muy interesantes reflexiones.

Sobre el tema del anonimato, estoy de acuerdo en que es un gran problema: las comunidades son menos fuertes cuando cualquiera puede decir las barbaridades que se le ocurran sin temor a las consecuencias sociales que esto tendría de otra forma.

Sobre la volatilidad... pues sí, es un problema. La desaparición de cyberdark fue un golpe fuerte, y lógicamente mucho más para los que estabais colaborando en primera línea. Pero tampoco me parece tan grave. Al fin y al cabo, ¿qué hay en la vida que no sea volátil? ¿Quién se va a acordar ahora de recuperar un artículo de opinión que se publicara en un periódico hace cinco años, aunque sea posible encontrarlo en las hemerotecas? Lo importante es el efecto que dejó en los lectores en su momento, creo yo.

 
At 8:13 p. m., Blogger SiskoCDK said...

En mi opinión, un efecto colaterar que tiene la facilidad de publicar en Internet es que también es más fácil plagiar contenidos y hacerlos pasar por propios.

Me ha sucedido alguna vez que buscando en Google, el resultado de la búsqueda llevaba a varias webs con contenidos casi calcados... En el mundo de la imprenta (libros, revistas...) es fácil saber el autor original por la fecha de impresión. En cambio, en Internet, a menudo es casi imposible saber la fecha de publicación de un documento ya que éstos se pueden retocar en cualquier momento.

 
At 9:45 p. m., Blogger Iván Fernández Balbuena said...

No puedo estar mas de cuaerdo con este articulo, lo suscribo al 100 %

 
At 10:18 a. m., Blogger Yarhel (Enric Quílez) said...

Sí, lo del plagio lo quería comentar en otro artículo. La verdad es que me he encontrado contenidos míos publicados en periódicos digitales en Bolivia o en Cuba! ¡Tiene narices la cosa! Y sin pedirme permiso, claro...

 
At 8:39 p. m., Blogger Errantus said...

Me temo que esta cultura del copypaste nos tiene fastidiados a todos. La cantidad de cosas que salen de nuestras pobres neuronas y que otros simplemente se biuscan con San Google y copian. Y no es porque seamos eminencias, sino porque es un pedacito de tu intelecto lo que otro se ha agenciado. Y no vale aquello de que la imitación es la mejor forma del halago.

Por cierto, hablando de creaciones propias... sigo esperando continuaciones del diario de un alienígena. ;)

 
At 10:15 a. m., Blogger Yarhel (Enric Quílez) said...

A ver si consigo que la musa me vuelva a inspirar. Pero no lo olvido, no lo olvido... :)

 

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