09 abril 2008

Hiperrealismo: ¿cuán real es la realidad?

A veces me pregunto: ¿cuán real queremos que sea la realidad? Esta pregunta me la suelo hacer muchas veces cuando veo la progresión tecnológica que llevan muchos aparatitos electrónicos que forman parte de nuestra cotidianiedad, como el teléfono móvil, la televisión o los reproductores de música.

Pongamos un ejemplo: el ojo humano. Cada uno de ellos dispone de unos 130 millones de bastones y 7 millones de conos que, combinados, producen una información cercana a lo que en fotografía digital llamaríamos 200 megapíxels. Hasta aquí bien. Pero resulta que el nervio óptico no puede conducir un flujo tan grande de información, así que la comprime a poco menos que 1,5 megapíxels por ojo.

Vale, ¿y qué? Pues que las cámaras fotográficas actuales suelen tener entre 3 y 4 megapíxeles. Mucho más de lo que el sistema de procesamiento visual humano puede discernir. ¿Para qué queremos tanto megapíxel?

Otro tanto podríamos decir de los colores. El sistema estándar digital consiste en codificar 16 millones de colores mediante una señal RGB (rojo-verde-azul) con 3 bytes para cada píxel, 1 para cada canal RGB, lo que permite 256 tonos de cada color. El total de combinaciones posibles: 256 x 256 x 256 da los 16 millones de colores. Pero el ojo humano no distingue tantas tonalidades.

De hecho, es posible que se quede corto en los rojos, ya que probablemente seamos capaces de distinguir más de 256 tonalidades de rojos (aunque ya es mucho decir), pero no somos capaces de distinguir 256 tonalidades de verdes y aún menos 256 tonalidades de azules. Por lo tanto, todo lo que supere esta cantidad de tonos es desperdiciar memoria. Al menos para los humanos.

Lo mismo sucede con el sonido. En principio, una frecuencia de muestreo de 64Kb/s es más que suficiente para el rango dinámico habitual en un ser humano. Eso significa 65536 muestras (valores) por segundo. Es cierto que un oído muy entrenado o uno muy joven podría detectar ciertas imperfecciones en los agudos, por lo que los nuevos formatos de audio digital han aumentado la frecuencia llevándola al límite de nuestros sentidos.

Pero la tecnología tiende a ir aumentando exponencialmente la capacidad de almacenamiento y de resolución. Sólo los fenómenos cuánticos de los materiales parecen determinar un límite práctico al crecimiento, no el sentido común. Es aquí cuando me pregunto, ¿cuán real queremos que sea la realidad?

En una novela de Michael Crichton, Rescate en el tiempo (1999-1357) se planteaba la posibilidad de almacenar la composición exacta de un cuerpo humano en una memoria. En otras novelas y relatos de ciencia ficción, se habla de almacenar el contenido total de un cerebro humano en un soporte físico diferente del de un cerebro, como si un disco duro o un DVD se tratase.

De hecho, este es el mecanismo habitual del teletransporte en series de ciencia ficción como Star Trek: la información se almacena en un buffer y se transmite a otro lugar, donde se recompone la configuración inicial.

Sin entrar en cuestiones filosóficas, parece que la capacidad de almacenamiento y de resolución de la tecnología humana está alcanzando cotas realmente metafísicas, más allá de las necesidades prácticas que podamos tener o llegar a tener en un futuro más o menos inmediato.

1 Comments:

At 9:05 p. m., Blogger The sea, the sky, the dust said...

1999-1357?¿?¿?

 

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