12 febrero 2008

Demonios interiores

Es por todos los aficionados conocidas ciertas filias y fobias de algunos famosos escritores de literatura fantástica y resulta verdaderamente instructivo ver hasta qué punto éstas influyeron en su producción literaria.

Empezaremos con un caso más o menos inocente. J. R. R. Tolkien nació en Sudáfrica y según se nos cuenta en una de sus biografías, uno de los recuerdos más vívidos que tiene de su infancia es cuando le picó una araña venenosa. ¿A alguien le suena? Recordemos la famosa escena de El Señor de los Anillos en que Ella-laraña pica a Frodo y lo deja incosciente.

De hecho, en su mitología cosmogónica, la predecesora de Ella-laraña es un espíritu oscuro y malvado llamado Ungoliat que es quien destruye los maravillosos árboles Telperion y Larelin en las Tierras Imperecederas.

Otro conocido escritor, Isaac Asimov, era un cúmulo de fobias y manías. Padecía, entre otras cosas, de agorafobia y acrofobia. Así, uno de los personajes que aparece en sus tempranos relatos, el Dr. Urth, padece estos problemas y resuelve sus problemas sin moverse de su despacho, claro predecedor de lo que posteriormente serían sus conocidos relatos de los Viudos Negros.

Uno de los personajes más conocidos de las novelas de Asimov, el policía Elijah Balley es totalmente urbanita y agorafóbico, como se nos cuenta en Bóvedas de acero y El sol desnudo. Tanto la Tierra superpoblada como posteriormente lo será Trántor, la capital del Imperio Galáctico, son megápolis cubiertas en las que casi nunca es posible ver el cielo desnudo. Un verdadero paraíso para el Buen Doctor.

En lo referente a Robert Silverberg, estamos ante un escritor extraordinariamente culto e inteligente, siempre preocupado y hasta angustiado por ser diferente a los demás, cosa que llega muchas veces a aislarlo. Ejemplos de estas pautas de comportamiento casi autobiográficas las encontramos en novelas como Tiempo de cambios o en Muero por dentro.

Aunque tal vez uno de los casos más exageros y fructíferos de cómo la paranoia y cierto tipo de delirios son capaces de condicionar la obra literaria de un autor, lo encontramos en Philip K. Dick, quien se cuestionaba continuamente acerca de la realidad y de la consciencia (Valis, Ubik, La penúltima verdad, etc).

En estos ejemplos podemos ver cómo los demonios interiores de los escritores pueden llegar a forjar algunos de los elementos de sus particulares universos literarios.

2 Comments:

At 10:08 p. m., Blogger NiñoMalkavian said...

Muy interesante. Claro, toda la ficción nace de unir cosas de la realidad según nuestro patrón. Y las cosas que más nos llegaron "están más" en "nuestra realidad" que cosas más generales. Y al final se manifiestan

 
At 3:55 a. m., Blogger Fran Ontanaya said...

Una de las anécodtas divertidas de Isaac Asimov es que «predijo» la euforia de la ingravidez de los primeros astronautas, a pesar de que a él le habría horrorizado.

Por cierto, tienes caducado el enlace de la lista de blogs. La dirección es http://www.franontanaya.com/blog/ y ya no se titula Las Crónicas del Tecnomante --allá quedó mi etapa ciberpunk--.

 

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