02 diciembre 2005

De péndulos que oscilan y otros atractores caóticos

Según la más o menos conocida teoría del péndulo, la edición de ciencia ficción en España atraviesa periódicamente por períodos de vacas gordas, como el que hemos vivido hasta hace muy poco, con muchas editoriales publicando muchos libros, tanto reediciones de clásicos como novedades y períodos de vacas flacas, en que se edita muy poco y por parte de pocas editoriales.

Había gente que sostenía que este péndulo había dejado de oscilar y, probablemente tengan razón en parte, ya que el mundo de la fantasía parece vivir un 'boom' a raíz en buena medida del éxito cinematográfico de El Señor de los Anillos. Cuánto durará este fenómeno es difícil de precisar, pero es evidente que existe.

Pero en el terreno de la ciencia ficción las cosas no son tan halagüeñas. Primero hemos visto como algunas editoriales que parecía que iban a lanzar novedades o reediciones esperadas (como Roca o Edhasa) han adoptado posiciones más bien conservadoras. De algunos, como Merán que iban a lanzarse a la arena, nunca más se supo.

En lo que respecta a las grandes editoriales, han seguido políticas declinantes, también. Por ejemplo, Ediciones B hace tiempo que lleva una tendencia de bajo nivel, publicando solamente los principales premios de cada año y a los autores que tiene contratados (David Brin, Lois M. Bujold, Neal Stephenson...) y poca cosa más.

Minotauro es quizá la editorial más potente en estos momentos, aunque también en ella se ven reflejados los signos de los tiempos. Algunos proyectos, como la reedición de los cuentos de Philip K. Dick o de Harry Harrison, han quedado en el limbo o van a trompicones, al igual que la edición de los cuentos completos de J. G. Ballard. Asimismo, la publicación de reediciones de clásicos se ha detenido casi completamente y se centra hoy por hoy en sacar al mercado novedades más o menos interesantes con portadas alejadas de la estética pulp, como rehuyendo la etiqueta de ciencia ficción como si de la peste se tratase.

Los únicos que parecen aguantar bastante bien el tirón son las editoriales medias, como La Factoría de Ideas y Bibliópolis, quienes no sólo no aflojan, sino que encima han sacado recientemente al mercado colecciones de bolsillo. Bibliópolis, incluso, se atreve a publicar en ese formato colecciones de relatos de ciencia ficción, fantasía y terror y, más recientemente, de ensayo sobre literatura fantástica.

Este panorama se ha visto más enturbiado todavía con la desaparición o reconversión de dos importantes revistas de ciencia ficción: la Asimov ciencia ficción y Galaxia, ambas -al parecer- por motivos económicos. Incluso Solaris parece haber entrado en hivernación y sólo mantiene el tipo Gigamesh.

En fin, que el péndulo no ha dejado de oscilar, pero se ha vuelto muy caótico, con islas de estabilidad envidiables y con zonas de marejada marejadilla.

¿Por qué sucede todo esto? Evidentemente no creo que haya una explicación unitaria de la que emanen relaciones de causa-efecto diáfanas e incontrovertibles. Pero sí que debemos analizar la contribución al fenómeno de los siguientes factores:

- La mala prensa de la ciencia ficción en nuestro país, cosa que impide su normalización en ventas con las consecuentes repercusiones económicas del sector ("la ciencia ficción se encuentra en las cloacas de la cultura").

- En parte consecuencia del poco volumen de ventas, una distribución que en muchos casos es bastante mejorable.

- También como consecuencia de las bajas ventas, la imposibilidad de publicitar en los medios de comunicación de masas, dado el elevado coste de este tipo de promoción.

- En el caso de las revistas, dos de los tradicionales motivos de su compra: las noticias-novedades y los contenidos, ahora son fácilmente accesibles en Internet y de manera gratuita.

- Los españoles no leen mucho y cada vez tenemos menos tiempo para ello, ya que hay una oferta de entretenimiento y formación cada día más extensa, que entran en competencia directa con la lectura. Por desgracia, las nuevas generaciones son todavía menos lectoras que la actual.

- El nivel de publicaciones de hace uno o dos años difícilmente se podía mantener, dadas las características estructurales del mercado de lectores del fantástico español.

- La piratería descarada de alguna editorial y sus posteriores mega-saldos que no han contribuido a favorecer la situación.

- La política editorial de la última década que hace que -debido a cuestiones estructurales y fiscales- sea difícil, por no decir que casi imposible, mantener un libro en catálogo durante mucho tiempo. Así, Ediciones B salda periódicamente tramos enteros de su colección de ciencia ficción.

- La política (errónea) de dividir algunos libros en varios volúmenes para exprimir al lector, el cual acaba esperando muchas veces a la publicación de la edición de bolsillo que le saldrá mucho más barata, por ejemplo, tal como sucedió con el Criptonomicón.

- La poca cantidad de títulos en formato de bolsillo, mucho más económico, que serían más accesibles a la gente joven (con menos capacidad adquisitiva) que suelen ser potenciales lectores del género.

- Por extensión, los elevados precios de las ediciones en tapa dura.

- La gran extensión de muchas novelas recientes, que hacen que el lector se pase mucho más tiempo que antes leyendo una determinada obra, con lo que puede destinar menos tiempo a la lectura de otras obras.

- Cuesta unos cuantos años convertir una buena obra en un clásico solicitado de manera masiva. Cuando tal cosa sucede, el libro suele estar descatalogado, durmiendo el sueño de los justos. De momento, la única editorial longeva que va reeditando todo (o casi todo) su fondo editorial es Minotauro.

- La creciente tendencia de la industria cinematográfica a llevar a la gran pantalla relatos y novelas de literatura fantástica. Ello puede fomentar el interés por el libro, pero también puede producir el efecto contrario: como ya hemos visto la película, ¿para qué leerse el libro? Es difícil determinar cuándo predomina una u otra tendencia, aunque creo que generalmente suele incrementar ventas más que disminuirlas.

- La implacable competencia con libros que podríamos catalogar de género, pero que entran en competencia directa con los otros, en especial, las franquicias de novelas que explotan filones comerciales (Star Trek, Star Wars, Warhammer...)

- El desconocimiento social batsante generalizado de que la ciencia ficción no debe colocarse junto a los libros de OVNIs, fenómenos paranormales y temáticas new age, cosa que los hace más difíciles de localizar y, en muchos casos, los coloca en la misma categoría que a éstos.

- En algunos casos, unas portadas con una estética muy lastrada en la época pulp que tiran para atrás a potenciales compradores. De acuerdo que lo importante es el contenido, pero en una época en que casi todo el mundo compra por impulso y se guía por la imagen, el aspecto exterior de un libro debe cuidarse mucho. Tampoco es preciso (como hacen algunos) disimularlo de manera que parezca que no es ciencia ficción: en el equilibrio suele estar la justa proporción.

- Los locales son cada vez más caros, por lo que las librerías tienen que optimizar cada vez más el espacio. Así, prescinden en la medida de lo posible de stock y no esperan demasiado tiempo a comprobar si tal o cual libro tienen potencial: lo que no se vende rápidamente, se retira.

- Las grandes superficies tienen casi todas un espacio destinado a libros, generalmente best sellers y libros de bolsillo. Como los de ciencia ficción no suelen predominar en dichas categorías, sus posibilidades de salir al mercado se reducen. Si le añadimos el hecho de que la gente tiende cada vez más a comprar en las grandes superficies por cuestiones de falta de tiempo, éste es un factor a tener muy en cuenta en el futuro inmediato.

- La desaparición de espacios destinados a la divulgación de la literatura fantástica, tanto en formato texto como en la propia internet (por dificultades económicas, falta de tiempo, cansancio, etc) tendrá también su coste en este proceso ya que, muchas veces, ante la imposibilidad de disponer de opiniones cualificadas sobre un determinado libro, se opta por no comprarlo. Es cierto que últimamente han proliferado los espacios dedicados a la literatura de género, pero no siempre el ritmo se va a poder mantener y su propio péndulo se cierne sobre ellos. Además, no hay que confundir la proliferación de espacios en los que se habla de ciencia ficción o de fantasía, con espacios que congregan a cantidades considerables de potenciales usuarios. Más bien, esta proliferación está favoreciendo una dispersión que aumenta la diversidad, pero disminuye la eficacia.

Son muchos, demasiados motivos para lastrar la evolución del género o para que el péndulo deje de oscilar. Veamos cómo transcurren las cosas, pero todo parece indicar que hemos entrado en un período de vacas flacas. Espero equivocarme.

5 Comments:

At 4:23 p. m., Blogger Nacho said...

Llevas toda la razón en el asunto de la fantasía vs ciencia ficción. Ahora bien...

Una situación como ésta se puede comparar con la que había a comienzos de los años 90, con la ciencia ficción ganando por goleada al resto de géneros fantásticos, a la de mediados de los años 90, con la que claramente salimos ganando, y con la que había hace un par de años. Entonces no veo muchos cambios.

Es cierto que la metamorfosis de Minotauro es sintomática (tengo por aquí sus títulos para el primer trimestre de 2005 y si nos lo dicen hace dos años pensamos que nos están colando una trola), que Nova sigue con el piloto automático y el perfil bajo y que Gigamesh ha dejado un poco de lado la ciencia ficción(sólo un poco; en breve saldrán libros de Dick o Vance). Pero como dices tanto La Factoría y Bibliópolis mantienen un nivel muy alto, tenemos el pundonor de AJEC, Vórtice y Espiral, todo lo que se está publicando fuera de colección (habría que hacer un listado, porque es mucho y significativo),...

Y hay editoriales nuevas como Berenice que tienen un plan futuro que puede dar mucho juego. A parte de los relatos de ciencia ficción de Rodolfo Martínez, p.e. preparan varios (sí, varios) libros de Thomas Disch. El precio, si se confirma, puede ser un problema, pero se suman al cotarro.

Para hablar de que el péndulo dé la vuelta hay que hablar de cierre de colecciones (por ahora los únicos importantes que han desaparecido son los de Robel) y los posteriores saldos masivos. Hasta entonces, estos decesos son cosas más o menos normales achacables a ajustes de mercado con aquellos que no cubren las expectativas.

De hecho lo de "Galaxia"... se puede considerar un cierre en toda regla. Verse reducida al papel de complemento de otra publicación, con un número de páginas muy limitado, no se nos puede vender como un paso a mejor. Pierde su personalidad para convertirse en un encarte circunstancial con a saber qué escasos contenidos. Veremos si son sólo impresiones erróneas o se confirma.

Y lo de "Solaris" no se parece en nada a lo de la "Asimov" o "Galaxia". Es un cierre patronal, escondido detrás de excusas falsas. No sale porque al editor no le sale la gana sacar el número que está preparado.

Por cierto. La reedición del fondo Minotauro parece un poco parada (no sé si es un stand by o un total stop). No parece que estén reeditando mucho en bolsillo últimamente.

 
At 5:28 p. m., Blogger Yarhel (Enric Quílez) said...

Evidentemente, la situación actual no tiene la magnitud que tuvo la tremenda sequía editorial de buena parte de los años '90, pero hay indicios de que el mercado está pasando factura de algunos excesos. Es cierto que puede calificarse de reajuste de mercado, pero es que a eso me refería. No creo que haya un hundimiento. Pero sí que creo que vamos a época de vacas flacas, aunque no creo que se llegue a la pertinaz sequía.

Posiblemente las oscilaciones del péndulo tienden a disminuir el ángulo máximo y veremos oscilaciones más pequeñas. Claro que todo esto no es más que una impresión personal mía. Veo que tú estás mucho más informado que yo sobre futuros lanzamientos editoriales ;)

 
At 11:13 a. m., Blogger Fran Ontanaya said...

Uno de los fallos de las revistas como Solaris, EMHO, es que no tienen auténticas señas de identidad. Las llenan a bulto con material diverso y las descargan en las librerías como si los lectores fueran una especie de depósito de residuos sólidos. De tal modo que, si un mes te saltas un número, no lo echas de menos, y luego ya te saltas dos, tres…

En los cursos de comercial, una de las primeras cosas que enseñan es que hay que fidelizar a los clientes :/

 
At 8:40 p. m., Blogger Nacho said...

No entiendo muy bien lo del material diverso, porque una revista es eso: una serie de secciones en las que unos colaboradores "fijos" realizan un trabajo de cohesión número a número y después diversidad en el resto de los contenidos (con una línea editorial más o menos clara). Por ejemplo, en "Solaris", cuando Alberto García-Teresa se encargó de la dirección apostó por la literatura fantástica de calidad, aunque tuviese el sesgo de dedicar amplios espacios al material de la casa. Y por una periodicidad que funcionó relativamente bien durante el año 2004.

Por cierto, saltarse números de "Solaris" es equivalente a saltarse números de "Investigación y ciencia", "Muy Interesante", "Qué leer",... o "Nueva Dimensión" ^_^

Yarhel -> Pero sí que creo que vamos a época de vacas flacas

Mi impresión es que seguimos en periodo de vacas gordas y la perspectiva es mantener el ritmo durante los próximos meses. Veremos antes del verano, cuando ya sepamos si Minotauro convoca su cuarto premio, cuáles son los lanzamientos de Bibliópolis para el segundo semestre de 2006, si La Factoría sigue publicando fantástico y no nos deja tirados por el thriller históricoconspiratorio,... Entonces recalibramos opiniones XD

 
At 5:57 p. m., Blogger Javier Cantero said...

Si me permitís intervenir, el tema de las revistas hay que desligarlo del resto. Simplemente, todo lo que es prensa escrita está "sufriendo" fuertemente el impacto de las nuevas tecnologías. Vosotros mismos, ahora que estáis subidos al carro de los blogs, véis claramente el potencial que tiene (no hace falta que me extienda sobre ello).

Hoy por hoy, yo no le veo sentido a una revista en papel, salvo para publicar relatos (y, ojo, sólo por el fetichismo del papel). Y en ese caso, se puede prescindir de la periodicidad, e ir directamente a por antologías.

Puede tener algo más de sentido una revista en formato electrónico, más que nada por el formato autocontenido. Aun así, tratar de cobrar por ello es bastante complicado -en mi opinión-. Y además, cualquier revista exige un trabajo previo, y no va a ser ni de lejos tan inmediato y flexible como está siendo ahora mismo la publicación directa en Internet vía foros, blogs, wikis, etc.

 

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