14 noviembre 2005

Apología del relato en la ciencia ficción

Soy un gran amante de la narrativa breve de ciencia ficción. Me gustan mucho los relatos, los relatos breves y, si me apuráis, hasta las novelas cortas. No es que las novelas o las sagas inacabables de novelas me disgusten, pero en general, suelo disfrutarlas menos. Supongo que todo el mundo tiene sus particulares gustos.

Parece que, al menos en España, el panorama de la narrativa breve no es tan sombrío como hace pocos años, en que apenas había iniciativas relacionadas con este tipo de narraciones.

Por un lado, Robel ha publicado hasta la fecha cinco volúmenes, cada uno de ellos con dos novelas cortas. Desconozco si seguirán haciéndolo en un futuro. Se han publicado y se publican varias antologías, tanto por autor, como temáticas, como cronológicas (de un determinado año) y, no sólo eso, sino que también se ha extendido a otros subgéneros del fantástico, como es el terror.

Creo que es una buena noticia, a pesar de que queda mucho para normalizar la situación. Por el motivo que sea, los lectores suelen preferir la novela a toda costa y cuantas más páginas tenga, mejor, independientemente muchas veces de si lo mismo se podía haber dicho con la mitad de ellas.

Pero ya se sabe: a las editoriales les va de coña, porque así pueden vender el producto mucho más caro, el autor suele cobrar más y todos contentos. De hecho, incluso tengo la sospecha paranoica desde hace tiempo que a los escritores ya les va bien esto de publicar tochos porque, independientemente de que cobren más, el lector se pasa más tiempo leyendo sus obras, por lo que tiene menos posibilidades de leer a la "competencia" mientras tanto. No sé, seguro que son manías mías, pero...

¿Qué tiene de especial el relato? Pues podríamos decir que la ciencia ficción moderna (y no me refiero a Mary Shelley, Jules Verne o H. G. Wells, sino a las revistas norteamericanas de los 30, 40 y 50) se nutrió sobre todo de cuentos, más que de novelas. Eso vino después. Así que, podríamos decir que, en un principio, fue el relato.

Pero es que además, muchos de los relatos que se han publicado hasta el día de hoy son verdaderas obras maestras del género, pues condensan en relativamente pocas páginas ideas brillantes y evocan sensaciones e imágenes de una gran potencia y belleza. Todos tenemos in mente alguno de esos relatos.

Por otro lado, la narrativa breve debe tener su propio espacio. Una historia o idea en concreto no se narra de la misma manera mediante un relato ultracorto, a la guisa de las brillantes short short stories de Fredric Brown que en una novela, eso es más que evidente.

Asimismo, muchos relatos o novelas cortas se han convertido a posteriori en novelas o sagas. Y esto sucede tanto en los clásicos más añejos como los fix-up de la Trilogía de las Fundaciones de Isaac Asimov o Ciudad de Clifford D. Simak, hasta obras más recientes como los primeros volúmenes de la serie de Geralt de Rivia de Andrzej Sapkowski. Incluso algunos de los autores más prometedores de la ciencia ficción actual, como Ted Chiang, sólo son conocidos por sus relatos.

Y es que el relato permite el desarrollo de ideas brillantes con y sin grandes desarrollos literarios, según el autor. Así, tenemos pequeñas perlas conceptuales que explotan una idea o trama, como sucede con los relatos de Asimov, de Pohl o de Clarke, mientras que otros autores apuestan más por la forma, como Bradbury o Ballard.

La narrativa breve tiene, pues, su propio espacio, pues de todo tiene que haber. Es una cuestión de ecología literaria.

El relato ofrece otra ventaja: es una buena escuela para los principiantes. No todos los escritores noveles se atreven a empezar con una novela, cosa que requiere de unos mayores conocimientos y experiencia. También es bueno para aquellas publicaciones que desean dar a conocer autores nuevos ya que, posiblemente, no podrían publicar novelas de todos ellos pero que, en un formato más reducido, sí que pueden publicar una recopilación de relatos de varios autores, como se hace con los cuadernos Artifex, por ejemplo.

Por suerte, tanto público como editores parecen haber entendido alguna de las excelencias de la narrativa breve. Hace poco, Ediciones B publicó Cronopaisajes, una antología de relatos sobre viajes en el tiempo; Bibliópolis editó Semillas de tiempo 1, una recopilación de relatos de varios autores de fantasía y ciencia ficción; también Julián Díez actuó como recopilador para Minotauro de relatos del fantástico español en Antología de la Ciencia Ficción Española. 1982-2002; Gigamesh nos has ofrecido hace poco una verdadera joya: toda la narrativa breve de Fredric Brown en sendos volúmenes: Ven y enloquece, y otros cuentos de marcianos y Luna de miel en el infierno, y otros cuentos de marcianos... Esperemos que siga la racha.


1 Comments:

At 6:55 p. m., Blogger Nacho said...

Una defensa bien expuesta, pero con un último párrafo que es para echarse a temblar. "Cronopaisajes" se publicó hace dos años y en Nova no han vuelto a salir relatos (salvo los UPC, más compromiso que por ventas; deben ser los Novas peor vendidos de largo). "La antología..." de Minotauro salió año y medio antes, sin hacer mucho ruido, y el fracaso de los cuentos de Harrison o, en menor medida, Bester, ha ocasionado que la editorial retorne a sus cuarteles (Bradbury, Le Guin o Dick; ¿dónde están los prometidos cuentos completos de Ballard?), pasando del resto. "Semillas de tiempo" tiene año y medio, y aunque habrá segunda entrega todavía no ha salido. "Paura" acaba de estrenar continuación, pero sólo con la esperanza de que este volumen tire de las ventas del primero, que sin ser malas no han sido las suficientes para cubrir gastos (por ahora).

Para mi lo único realmente esperanzador es la cabezonería de Gigamesh, que esperemos nos traiga en un futuro a medio plazo cuentos completos de Matheson, Sheckley o Martin. O Powers, que tiene una antología cortita pero que apetece.

Ya sabéis chicos. Esta Navidad poned un libro de Brown entre los de regalar. O, en su defecto, alguno de los comentados. A largo plazo lo agradeceremos.

 

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