24 septiembre 2007

Lorito, lorito

Como ya comentaba en otro post, en el que hablaba de los córvidos, parece ser que el cerebro de las aves es más complejo de lo que se creía hasta hace poco y que la inteligencia de algunos pájaros es más que notable.

Córvidos aparte, de los que desde antiguo era conocida su astucia, últimamente se ha venido estudiando la inteligencia de otras aves como los loros, de los que se pensaba que se limitaban a repetir lo que oían sin más.

Leo en la prensa que acaba de morir Alex, un loro africano de más de 30 años, que ha sido estudiado por la ciencia durante lustros. Al parecer, Alex sabía diferenciar 7 colores y formas, podía discernir entre 50 objetos distintos, contar hasta 6 e incluso era capaz de expresar deseos y frustración cuando los científicos lo molestaban demasiado.

Vaya, que al parecer tenía un desarrollo similar al de un niño de 2 años e intelectualmente, tenía el cerebro de uno de 5. Hasta me atrevería a decir que, comparativamente, era bastante más listo que algunas personas, salvando las distancias, claro. Yo siempre habría apostado por el loro, por eso.

La inteligencia animal se ha ido desvelando, década a década, como mayor de lo que parecía en un principio. Y es que los prejuicios intelectuales del ser humano, que se considera a sí mismo como “la culminación de la creación” y el único ser conocido dotado de inteligencia abstractiva, son muy fuertes.

No estaría yo tan seguro de ninguna de las dos cosas. Como perfección de la creación dejamos bastante que desear. En caso de guerra nuclear o de hecatombe cósmica, apuesto por las cucarachas. De acuerdo, son más antipáticas que el vecino del quinto, pero son mucho más resistentes.

En cuanto a la inteligencia abstractiva, yo no estaría tampoco tan seguro después de haber visto los informes de algunos estudios sobre simios y cetáceos.

Además, no todo es cuestión de neuronas. ¿Sois conscientes de la cantidad de cosas que son capaces de hacer las abejas a pesar de disponer de una cantidad irrisoria de neuronas en comparación con las que contienen nuestros cerebros? No siempre la cantidad lo es todo.

En lo que respecta a la ciencia ficción, la inteligencia animal ha sido tratada en múltiples ocasiones, generalmente en el sentido de animales manipulados de manera que adquieran inteligencia.

Ejemplos de ello los encontramos en la serie de los Sofontes, de David Brin, especialmente en las novelas Marea estelar y La rebelión de los pupilos, en donde aparecen chimpancés, delfines y gorilas modificados genéticamente para ser inteligentes.

Otro ejemplo es uno de los grandes clásicos del tema, obra de Olaf Stapledon: Sirio, que trata sobre un perro inteligente. Se trata de una novela densa y muy interesante, como todo lo que escribió Stapledon.

Aunque tal vez, el caso más conocido sea el del ratón Algernon, en Flores para Algernon, estupenda novela de Daniel Keyes que ha trascendido al género y que trata sobre los efectos de un tratamiento experimental que permite aumentar la inteligencia en animales y en humanos, con dramáticas repercusiones.

Para acabar las citas referenciales, no quisiera olvidarme de una novela que no es estrictamente ciencia ficción, aunque bordea con ella. Se trata de El teorema del loro, de Denis Guedj, divertida obra de divulgación matemática en la que se nos cuenta la historia de un matemático que le confía el secreto de la demostración de la hipótesis de Goldbach a su loro.

1 Comments:

At 8:03 p. m., Blogger ErManitu said...

¿Has leído "onda cerebral" de Poul Anderson? La idea es muy original: de la noche a la mañana, La Tierra sale de una zona del espacio que limitaba el rendimiento de los cerebros, a resultas de lo cual los hombres se vuelven super-inteligentes, y los animales "simplemente inteligentes". El problema es que nuestra sociedad actual no está pensada para seres super-inteligentes, y comienza a desmoronarse...

 

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