07 diciembre 2007

El problema de Data

Uno de mis episodios favoritos de Star Trek: The Next Generation es The Measure of a Man (“La medida del hombre”), en la que el comandante Data, un androide basado en los robots positrónicos de Isaac Asimov (Data dixit), debe enfrentarse a un proceso legal que debe determinar su estatus en la Flota Estelar: ¿es propiedad de la Flota o es un individuo libre e independiente?

El episodio, no sólo es un magnífico debate filosófico acerca de la condición humana y del libre albedrío, sino que plantea un problema ético al que tal vez en un futuro más o menos lejano debamos enfrentarnos: si una máquina creada por el hombre demuestra inteligencia y voluntad propia y estas características son indistinguibles de las humanas, ¿hasta qué punto debemos considerar que este ser es o no es independiente?

Dicho de otra manera: ¿es un ser consciente? ¿Es la consciencia dadora de derechos y libertades? Y si es así, ¿existe alguna limitación de estos derechos? ¿Deben concederse a un androide pero no, por ejemplo, a un primate, que es evidente que también tiene una cierta noción de existencia? ¿Y a un delfín? En definitiva, ¿son los seres humanos los únicos dotados de derechos como la libertad o este concepto puede extenderse a otros seres?

Es evidente que si algún día nos encontramos con una civilización extraterrestre, aunque sea muy diferente de nosotros, nadie pondrá en duda su inteligencia. Creo que dichos seres deberían ser tratados con respeto, como si fuesen realmente humanos, aunque claramente no lo sean y tendrían unos derechos básicos. Sinceramente, dudo que hubiese demasiadas opiniones filosóficas en contra de esta aseveración.

Pero, ¿qué sucede con una creación humana? ¿Qué pasa con un primate modificado genéticamente para que tenga una inteligencia comparable a la humana y que incluso sea capaz de expresarse mediante un lenguaje hablado como el nuestro? ¿No tendría derechos también? ¿No habríamos asumido la enorme responsabilidad de traer al universo a una nueva raza inteligente?

Vayamos más allá. Supongamos que la base fisiológica de esta nueva raza no es de origen biológico sino que se trata de silicio, o de otro material, como una supercomputadora aparentemente inteligente. ¿No tendría derechos? ¿Dónde está el límite? ¿Podemos establecerlo? ¿Existe, si quiera?

Es cierto que estamos muy lejos tecnológicamente todavía de crear seres como Data o que nuestra tostadora nos pregunte insistente y obsesivamente si queremos una tostada (véase The Red Dwarf), pero tal vez la ingeniería genética no esté muy lejos de conseguirle a un chimpancé una laringe humana y un área de Broca en el cerebro. Me gustaría saber qué decidiremos cuando tal cosa suceda.

1 Comments:

At 12:09 p. m., Blogger Guido said...

Saludos, Yarhel.

Ya se hacen conferencias legales acerca de estos temas, pequeñas y marginales, pero se hacen:

http://transhumanlaw.org/

Allí se trataron varios de los temas que tocas, incluyendo el de los animales mejorados (que expuso servidor) y de los derechos de una IA condenada a la desconexión.

Ya van por la 3ra edición.

Abrazos

 

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