25 julio 2007

De un tirón

Cada vez me cuesta más encontrar libros de literatura fantástica que me pueda leer de un tirón, es decir, de esos de los que no consigues separarte de ellos hasta que te los acabas, de los que te mantienen en vilo hasta altas horas de la madrugada y de los que hacen que te olvides del resto del Universo.

Los primeros libros de ciencia ficción que leí eran así. Supongo que por el descubrimiento de un mundo nuevo. Así, la mayor parte de los libros de Asimov eran devorados y acabados a altas horas de la madrugada, en especial los del ciclo de los robots.

También recuerdo algo parecido con 2001. Una odisea en el espacio y 2010. Odisea dos, aunque tal vez el libro de Arthur C. Clarke que devoré con más ansia por el sentido de la maravilla que despierta sea La ciudad y las estrellas. Lamentablemente, su segunda lectura no me pareció tan apasionante: cosas de la edad, supongo.

Otro de los primeros libros que leí y que me dejaron anonadado fue Visitantes milagrosos, efecto que su autor, Ian Watson, no ha conseguido reproducirme con ninguno más de los títulos que le he leído.

De algunos libros más recientes, tal vez uno de los que recuerdo con mayor interés fue la sensacional space opera de Alfred Bester, Las estrellas, mi destino. Me lo leí en una intensa tarde de verano.

Algo parecido me sucede con la mayor parte de los libros de David Brin, en especial con los de la serie de los Sofontes, aunque reconozco que El cartero me encantó y, por supuesto, el que tengo todavía en un pedestal: Tierra.

En cuanto a la fantasía, género que consumo relativamente poco, el más destacado en cuanto a voracidad fue, sin lugar a dudas, El Señor de los Anillos, de J. R. R. Tolkien, cuya lectura tuve que obligarme a pausar a fin de contenerme y poder apreciar mejor los detalles, algo que no conseguí con el épico El Silmarilion, que me he tenido que leer tres veces para poder captar todos los detalles.

Pero cada vez me resulta más difícil encontrar novelas así. Tengo un par de experiencias recientes que lo demuestran. Por ejemplo, hace poco me leí Hyperion, de Dan Simmons y, si bien me gustó mucho, no hizo que me abalanzase sobre su continuación, La caída de Hyperion que espera pacientemente a que me decida por él en mi mesita de noche.

Otro tanto parecido me sucede con Juego de tronos, de George R. R. Martin. También me gustó bastante, pero particularmente, no lo encuentro tan adictivo como se dice por los círculos de la literatura fantástica. Y eso que Martin –al menos en ciencia ficción- me chifla.

¿Será la edad? ¿Será que cada vez es más difícil encontrar algo original, algo que no esté trilladísimo? ¿O es un efecto acumulativo después de tantas y tantas lecturas del género? ¿Es posible que me esté empezando a cansar de mi género favorito?

Sobre la última pregunta, quiero creer que no. Me tranquiliza el hecho de que la narrativa breve –ya sean relatos o novelas no muy largas- me siguen gustando mucho. Así, recuerdo con especial cariño algunas novelas que he leído recientemente de Robert Silverberg, como El libro de los cráneos o Muero por dentro, así como la estupenda novela de los hermanos Strugatsky, Pícnic junto al camino.

Pero los megatochos me aburren cada vez más. Además, la narrativa fantástica contemporánea adolece del perverso efecto da Vinci. Uno está bien, pero tantos, ya cansan y estoy asqueado de ver la cantidad de libros que se publican sobre conspiraciones, códigos secretos, libros fatales y eventos históricos trufados de cátaros, templarios, masones, rosacruces y similares.

Incluso algunos de mis escritores fetiche, como Michael Crichton me están decepcionando bastante en sus últimas producciones, ya que nos venden unos tecno thrillers del todo increíbles e infumables. Por supuesto, ya no hablo de Dan Brown quien, como decía antes, un poquito está bien, pero mucho, asquea.

8 Comments:

At 11:23 a. m., Blogger Juan Antonio Fdez Madrigal said...

Creo que es cuestión de la edad (el cerebro se acostumbra a lo que conoce). Pero eso es bueno, porque te impulsa a buscar cosas que te resulten más novedosas, lo cual siempre está bien (es muy aburrido estar siempre leyendo el mismo tipo de cosas).

Respecto a los tochos, a mí me pasa lo mismo: cada vez soy menos capaz de sufrirlos, porque tengo poco tiempo para leer (y muchas cosas interesantes por leer) y porque, la verdad, cada vez veo menos la necesidad literaria de escribir un tocho que el 99% de las veces se podría haber escrito en menos palabras. Normalmente son productos, no literatura. En el mejor de los casos, demasiado producto sobre una obra literaria que no lo necesitaría realmente.

De cualquier manera, el último libro que disfruté sin parar fue "El Señor Norrell", que es un buen tocho... Claro que me pilló en el verano y de vacaciones, con tiempo de sobra :-)

 
At 11:31 a. m., Blogger Juan Antonio Fdez Madrigal said...

Y G.R.R. Martin está sobrevalorado ;-P Escribe muy bien, muy fluido, muy impactante... ¡Pero es que siempre escribe igual de bien, igual de fluido, igual de impactante! La variedad es un gran valor que no se aprecia en su justa medidad... (aunque tiene el riesgo de que no te salga todo siempre igual de bien, igual de fluido, igual de impactante; pero es que la vida es así: inconstante, imperfecta...)

 
At 12:16 p. m., Blogger Kaplan said...

Como diría Indy: No son los años, es el rodaje.

 
At 9:39 p. m., Blogger Nacho said...

"Envejecer" aparte, también influye el tiempo disponible y las preocupaciones cotidianas. No es lo mismo el día a día con 30 años que cuando tienes 17 y tus prioridades no suelen ser, en la mayoría de casos, ganarte la vida, atender a la pareja (si se tiene), hacer las tareas del hogar... Aunque supongo que esto puede contar en el rodaje ;)

De ahí que disfrute enormemente de los viajes en tren. Los dos últimos libros que he leído de un tirón, "El privilegio de la espada" y "La silla", lo hice en sendos viajes de tren a Madrid (ida y vuelta). Eso sí, la novela de David Jasso es tan "hijaputa" que me lo hubiese leído de un tirón en cualquier otra circunstancia. Y es que todavía encuentras novelas breves que te enganchan en la primera página y no puedes soltar hasta la última.

 
At 7:16 p. m., Blogger Jordi said...

solo quiero comentar sobre uno de los libros que has citado, Juego de tronos.

ES IMPOSIBLE valorar una obra tan extensa como cancion de hielo y fuego solo por el primer volumen, yo acabo de terminar el tercero y estoy a la espera de la traduccion al castellano de la cuarta parte, sin entrar a valorar si escribe siempre igual o no, (porque creo que todos los escritores tienen su estilo y siempre se repiten) habri a que agradecer a martin el soplo de aire fresco que ha dado a la litaratura fantastica tanto por el estilo narrativo como por la propia historia

 
At 7:24 p. m., Blogger Yarhel (Enric Quílez) said...

No, si yo no valoro La Canción de Hielo y Fuego a partir del primer volumen. Lo único que digo es que no lo encontré tan adictivo como me habían dicho que era :) Pero es una valoración personal totalmente subjetiva.

 
At 9:05 p. m., Blogger Jordi said...

igual de subjetiva que la mia, ahora estoy en la fase de todo compararlo con CDHIF entrar en foros comentar con amigos que se la han leido y sobretodo mi ultimo logro he conseguido que mi mujer no solo se lea la novela sino que le guste el primer volumen y ya va por el segundo.

;-)

 
At 10:22 a. m., Blogger Juan Antonio Fdez Madrigal said...

Yo tampoco lo minusvaloro, de hecho me parece que G.R.R.M. escribe muy bien.

Pero en mi opinión, aparte de algunas cosas que forman parte de la "marca personal" de cada uno, el estilo es algo que puede estar tan sujeto a variaciones por el autor como el género, la trama, el tono o cualquier otro elemento de una obra. Vaya, que no le pasaría nada por usar otros :-) Sobre todo en algo tan extenso como J.d.T., que a mí (opinión personal de nuevo) se me hizo pesado a la mitad del primer libro...

 

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