07 agosto 2007

¡Cuidado con el duende!

Es sorprendente que en pleno siglo XXI haya gente que crea todavía en fantasmas, duendes y otro tipo de seres mitológicos. Pero es así. De hecho siempre ha sido así. Si millones de personas encuentran natural que un ser omnipotente crease el mundo en siete días o en la existencia de ángeles, ¿por qué no van a creer en espíritus o en duendecillos? Todo es cuestión de fe y de sugestión.

Para empezar diré que respeto mucho todo tipo de creencias. Afortunadamente, no hay todavía ningún dispositivo que nos impida pensar o creer en lo que nos venga en gana. Es una de las pocas libertades que ni el estado ni la tecnología ha conseguido quitarnos. Otra cosa es el sistema educativo y los medios de comunicación, que nos adoctrinan en aquello en que debemos creer o no, pero aún somos libres de creer en lo que queramos.

Dentro de este contexto, diré que como mínimo me parece divertida la creencia, por ejemplo, en los duendes. En algunos países, como en Islandia, este asunto es algo muy serio. Antes de construir una carretera o de hacer una gran obra, un experto en duendes se cerciora de que no se los vaya a molestar. Para los incrédulos, aducen que cuando no se ha hecho así, se han producido misteriosos accidentes.

Ahora viene cuando decimos: “Qué tontos que son estos islandeses. Mira que creer en duendes”. Pero, claro, todas estas cosas son bastante relativas. Como decía al principio, hay gente que cree que los ángeles velan por ellos, así que como mínimo habría que tener un cierto cuidado en lo que desprestigiamos.

Incluso en occidente, cientos de millones de personas creen en cosas bastante folklóricas y esotéricas como los horóscopos, la cartomancia o el mal de ojo. Algunas de estas pseudociencias o creencias místicas se han ido reciclando a lo largo de los siglos. Así, existe toda una moda en lo relativo al feng-shui, que en países como Japón es casi una doctrina de fe.

También están los pseudocientíficos, que recubren sus creencias con una pátena de respetabilidad que siempre da la ciencia. Son los que nos hablan de radiestesia y de campos de energía, de corrientes geomagnéticas, de pirámides o del poder curativo de los cristales. Todo ello muy razonado… y por supuesto carente de la más mínima evidencia científica seria.

Incluso los hay que se forran vendiendo frasquitos de agua a precio de oro bajo el nombre de homeopatía. Por supuesto que hay millones de defensores de la homeopatía, pero también los hay de los que creen en el brujo de la tribu y no por ello el médico nos receta amuletos cuando vamos a la consulta o se pone a bailar una complicada danza a nuestro alrededor.

Los hay que creen que si te clavan agujas en unos misteriosos tubos de energía que recorren el cuerpo humano –que, por cierto, nadie ha sido capaz de fotografiar ni de detectar- tu salud mejora enormemente. A esta técnica se la llama acupuntura y es de lo más popular. Incluso la cubren algunas mutuas sanitarias a las que, por supuesto, no pienso apuntarme, porque si todo lo tratan con la misma seriedad…

En fin, que quien más, quien menos cree en duendecillos o en hombrecillos verdes de algún género. Con ello no quiero decir que esto sea lo deseable. Que lo respete no significa que lo comparta. Soy escéptico y creo tener una mentalidad bastante racional. Cuando quiero no serlo tanto, siempre puedo soñar o leer una buena novela de fantasía. Pero procuro no confundir el mundo imaginario de mis deseos con la realidad.

Y que conste que no siempre he pensado así. Pero en toda mi vida no he visto nada que me haga suponer que existen los fantasmas, la telepatía, la precognición, las líneas de energía o nada que se le parezca. Tal vez es porque no tengo fe en ello y no olvidemos que la fe mueve montañas.

2 Comments:

At 6:10 p. m., Blogger Instantón said...

Bueno en realidad para mí tiene más credibilidad la existencia de un duende, una criatura física quizá con una estructura diferente a la nuestra y que se manifiesta de esa forma para divertirse, que los ángeles de la guarda y muchas creencias de la religión seria.

Y de reirse de los que creen duendes nada, que como bien dices la gente se toma en serio auténticas barbarides.

Estoy completamente de acuerdo con esto que dices, que representa muy bien mi trayectoria vital y forma de pensar:

"Y que conste que no siempre he pensado así. Pero en toda mi vida no he visto nada que me haga suponer que existen los fantasmas, la telepatía, la precognición, las líneas de energía o nada que se le parezca. "

Ahora cada cual que interprete los hechos como quiera. Eso sí, eso no signfica que todas las opiniones tengan la misma fuerza, porque no es así.

 
At 8:39 p. m., Blogger Idea y Media said...

Mmmmmm, digamos que los islandeses tienen sus "angeles de la guarda" ecològicos al pedir permiso a sus duendes. Mira por donde salta la liebre, todo es cuestiòn de ser un poco imaginativo para ganarse las lentejas.

¿En Inglatera pediràn permiso a los troles o al Ministerio de Magia cuando desean hacer un nuevo puente?

 

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