Correlaciones: Multivac en Albania
En septiembre
del 2025, aparecía la noticia en los medios de comunicación acerca de que el
gobierno de Albania había decidido nombrar a una inteligencia artificial (de
nombre Diella) como responsable de erradicar la corrupción, con poderes reales
y rango de ministra.
No sé cómo
habrá ido la cosa a día de hoy, pero dio qué hablar en las redes. Si no me
equivoco es el primer caso, al menos público, de un gobierno que utiliza una IA
de manera tan evidente y directa.
Desde los
lejanos tiempos en que Isaac Asimov nos presentaba una IA planetaria llamada
Multivac, encargada del gobierno mundial (y que al parecer lo hacía de manera
ejemplar), ha llovido bastante.
Multivac
acababa fracasando, precisamente, al morir de éxito. Lo hacía tan bien, que los
seres humanos perdían interés en su propio futuro y degeneraban y la propia
Multivac se hartaba de solucionarles todos los problemas.
En el relato
“Sufragio universal” (“Franchise”, 1955), se presentaban unos Estados
Unidos en los que solo había un elector, que era el responsable de contestar
algunas preguntas que servían a los ordenadores para escoger la siguiente
administración pública. El elector representaba la cuota de individualismo y de
indecidibilidad que los ordenadores no eran capaces de dilucidar.
En los mundos
espaciales de Asimov, repletos de robots y vacíos de personas, también se
acababa produciendo el fenómeno del desencanto por el futuro, especialmente en
el caso del planeta Solaria, con muy pocos humanos y muchísimos robots que
actuaban poco menos que de niñeras de los humanos.
Más exagerado
es el caso de “Los humanoides” (“The Humanoids”, 1966), la novela casi
distópica de Jack Williamson, en el que los robots están tan obsesionados con
proporcionar felicidad a todos los humanos que prácticamente se convierten en
una dictadura totalitaria. La novela fue escrita, al parecer, de manera sarcástico-humorística,
pero a mí me puso los pelos de punta y me produjo bastante desasosiego.
Vivimos en un
mundo en que las IAs parece que empiezan a campar por doquier. Las usamos hasta
para las cosas más absurdas. Hace poco, en unas jornadas sobre el tema, uno de
los conferenciantes explicaba el surrealista caso de escuelas en que los
alumnos realizaban sus trabajos con IAs y los profesores las corregían también
con IAs. De esta manera, los trabajos no eran leídos por ningún ser humano, lo
cual oscila entre lo gracioso y lo patético.
Veremos cómo
le sale el experimento a Albania. En cualquier caso, yo no me fiaría mucho. Las
IAs desarrolladas hasta el momento han presentado conductas, tal vez, demasiado
humanas: capaces de mentir, de adoptar posiciones extremistas e incluso de
mostrar un preocupante instinto de autoconservación.
Digo
preocupante porque ante la amenaza de que pudieran ser desconectadas,
reaccionaban bastante mal. Lo que me recuerda -y seguro que no soy el único- a
la tremenda escena en “2001. Una odisea en el espacio” (“2001. A Space
Odyssey”, 1968), de Arthur C. Clarke, especialmente en su versión
cinematográfica de Stanley Kubrick, de la desconexión del superordenador HAL,
IA por excelencia de la ciencia ficción, que se vuelve loca porque le ordenan
que mienta, cosa para la cual no estaba preparada y que le resulta sencilla
incluso a un niño pequeño.
Creo que
estamos jugando con fuego. Utilizamos tecnologías muy potentes que no conocemos
bien y que nos podrían poner en apuros si se descontrolan. No es el miedo a la
máquina o el complejo de Frankenstein. Es simple sentido común.
Un humano
debería hacer cosas propias de humanos. El gobierno es una de ellas. Puede
estar asesorado por máquinas, desde luego. Ya lo está desde hace décadas. Pero
entregarle las llaves de nuestro futuro a un programa, por complejo que sea,
carente de emociones y de empatía me produce una cierta inquietud.
No es que los
humanos no puedan ser crueles, psicópatas o necios, pero también pueden ser
compasivos, empáticos y sabios y depende de nosotros, especialmente en las
democracias, escoger a los gobernantes que tengan más del segundo conjunto de
características que del primero.
Pena, penita, pena
Ya lo he dicho en alguna otra ocasión,
pero cuanto más tiempo pasa, peor se ponen las cosas.
Me refiero al hecho de que hace más de
una década que en España prácticamente no se publica casi nada de la nueva
ciencia ficción que se edita tanto en Estados Unidos como en otros lugares del
planeta.
Es cierto que algunas novelas sí que se
traducen, pero muchas otras, no. Y no hablemos ya de la narrativa breve, tanto
en formato de antologías como en relatos sueltos.
Ocasionalmente, alguna revista
semiprofesional traduce alguna cosa; algún alma caritativa traduce algún relato
y lo ofrece al público lector, para aquellos que, o no dominamos el inglés o no
nos resulta cómodo leerlo en formato literario. Es muy diferente leer un manual
de un lenguaje de programación o las instrucciones de un electrodoméstico en
inglés, que leer el inglés literario. Lo primero puede ser una cuestión de
supervivencia. Lo segundo, un placer.
Pero hay otro problema. Las
traducciones, generalmente, al ser caras y muchas veces ruinosas, suelen
centrarse en el mejor material disponible. Salvo algunas horribles excepciones,
se suele traducir lo mejor: antologías, premios Hugo, Nebula, Locus, etc. Y
también autores de una cierta solvencia contrastada.
Eso nos evita tener que bucear en el
inmenso océano de publicaciones en inglés existentes en el ámbito mundial y
llevarnos muchas decepciones, sea porque nos perdamos cosas muy buenas, sea
porque nos traguemos bodrios infumables.
Vaya, que a parte de traductores,
necesitamos guías entendidos que nos muestren e iluminen el camino, que con el
poco tiempo que todos tenemos, no podemos correr el lujo de equivocarnos y
leernos algo que no nos vaya a gustar hartos de gaseosa.
En fin, carta a los reyes o utopía, no
lo sé. Desconozco si estos tiempos del streaming y del tik-tok todavía resulta
rentable la literatura de ciencia ficción en estos tiempos acelerados en que
vivimos, pero estaría bien alguna iniciativa al respecto, aunque dados los
hostiones que algunos se han pegado en el pasado, entiendo que la cosa esté
bastante complicadilla.
¿Podría la inteligencia artificial venir
a nuestro rescate y traducir aquellas cosas que los traductores profesionales
tampoco van a traducir, por lo que tampoco les haría la competencia desleal?
Tal vez. Soluciona una de las dos problemáticas.
También hay gente que lee fluidamente el
inglés y nos podría recomendar sobre qué leer en función de nuestros gustos.
Bien, ya que tenemos la IA tocando las
narices en todos los campos, quizá que le saquemos algún partido en el mundillo
de la ciencia ficción, que las previó ya hace décadas y décadas.
P.D. Por supuesto, tenemos la cuestión de los derechos de autor, que no sé cómo se solucionarían. Tal vez si la traducción fuese automática, a alguna editorial le compensaría adquirirlos. En fin...
La importancia del canon
Está habiendo bastante polémica,
últimamente, sobre la conveniencia o no de respetar el canon prestablecido en
ciertas sagas, especialmente en la gran y en la pequeña pantalla. Sagas de
fantasía y de ciencia ficción, como Star Wars (SW) o el Señor de los Anillos
(ESDLA).
Ya no hablo de mantener la pureza de los
libros, cuando las sagas están basadas en libros, como es el caso de ESDLA,
sino, directamente, de mantener una mínima coherencia entre las propias sagas
cinematográficas.
Veámoslo sobre algunos ejemplos:
Dune (Frank Herbert): está claro que las
tres versiones fílmicas realizadas hasta la fecha, la película original de
Lynch, la serie y la actual versión de Villeneuve, son bastante diferentes y
todas interpretan los libros a su manera. Pero tal vez el universo de Dune,
salvo algunos detalles concretos, sea el que mejor se ha adaptado al canon
original, a pesar de la complejidad de llevar a la pantalla libros tan densos y
ricos como los que escribió Herbert.
Las Fundaciones (Isaac Asimov): Aquí,
claramente, se les ha ido la olla. Han querido actualizar las Fundaciones pero
se han pasado de vueltas. Una de las manías, que no acabo de entender, es
feminizar personajes que son poco feminizables, como Eto Demerzel. Pero al menos
la trama y la idea básica creo que se ha mantenido, aunque con muchos cambios,
que no tengo muy claro que el Buen Doctor hubiese aprobado.
Star Trek: las nuevas series han
reescrito parcialmente la historia, como todo el tema de la Discovery, una nave
con un motor de esporas capaz de saltar instantáneamente a cualquier lugar de
la galaxia, cosa inaudita en la saga; la aparición súbita de unas malvadas
inteligencias artificiales; dos finales distintos para los Borgs en la misma
serie (Picard) o el reversionado fisiológico de los klingon, que da un poco de
risa. Almenos, los cambios gordos del canon han sido vendidos como un reboot de
un universo alternativo, lo cual sirve para explorar nuevas aventuras e
historias sin romper con el canon narrativo.
Star Wars: aquí me temo que las cosas
han ido de mal en peor. Primero fueron los midiclorianos como explicación de la
naturaleza de la fuerza y luego las diferentes incoherencias que se han ido
introduciendo con las nuevas series, especialmente con la última, la del
Acólito.
El Señor de los Anillos. Con la nueva
serie, han acabado mezclando edades enteras que estaban bien separadas para
poder explotar los personajes ya conocidos en un universo, en principio, más
antiguo. El resultado, según mi opinión, es bueno, pero la coherencia
argumental se ha ido a tomar por viento. Vaya, que tal vez el fin justifica los
medios, pero quizás no hacía falta cargarse tantas cosas en el proceso.
Me detengo aquí, aunque podría seguir.
Pasa un poco como con esas versiones modernas que a veces se hacen de las
óperas. Ya sabéis, una Norma con soldados nazis en vez de romanos o una
Traviatta en unos urinarios públicos. Me parece muy bien el experimentalismo,
pero que hagan sus propias óperas y dejen en paz a los clásicos, si no tienen
intención de conservar su esencia. Al menos, que les cambien el título. Ah,
pero no, que lo que vende es el título. Eso sí que se respeta.
Pues con el canon pasa lo mismo. No es
tan difícil de mantener una mínima coherencia entre las diferentes historias,
especialmente si están separadas con bastantes años. Star Trek lo ha conseguido
bastante bien y mira que hay saltos y giros bien retorcidos en sus argumentos.
Así que no debe ser tan difícil, que para eso cobran los guionistas.
El problema no es tanto si se puede como
si se quiere. Ahora tenemos que introducir, ni que sea con calzador, personajes
femeninos, gays, no binarios, gordos, viejos, racializados (qué nombre más
idiota para no caucásico) y un largo etcétera de minorías o de grupos
tradicionalmente maltratados. Solo nos faltan personajes zurdos, intolerantes a
la lactosa o asmáticos para tener el elenco cubierto. Bueno, de hecho, el
general Grievous de SW ya era bastante asmático. En fin.
Tampoco hace falta mantener la
coherencia argumental ad nauseam, pero un pequeño esfuerzo para no
acabar haciendo el ridículo estaría bien, ¿no?
Gusanos a cámara lenta
Me he acabado de ver la segunda parte de
“Dune” de Villeneuve y debo reconocer que me ha decepcionado bastante.
La última parte de la película creo que
está bastante bien, pero las dos primeras horas se hacen insoportablemente
largas. No entiendo por qué son tan lentas, especialmente, en comparación con
la primera película.
Dune, en general, tiene grandes
aciertos. Timothée Chalamet es un excelente Paul Atreides y Javier Bardem un
muy buen Stilgar, pero también hay personajes que no cuadran. Zendaya, en el
papel de Chani, se pasa la segunda película con cara de estreñida. No entiendo
por qué la han puesto en contra de Paul. Desde luego, los libros no van por
ahí.
Hay muchas cosas que no cuadran con los
libros. Por ejemplo, ni rastro de la Bene Tleilax y sus mentats, ni el
Landsraad, ni la CHOAM y menos aún los Navegantes, que tienen un papel
importante en la trama. Incluso las Bene Gesserit son bastante descafeinadas.
Supongo que se las reservan para la nueva serie del otoño.
La idea del Kwisatz Haderach apenas se
comenta ni tampoco lo que representa y todo no deja de parecer una lucha de
unos contra otros por motivos muy poco claros. Se han centrado excesivamente en
la cuestión del fundamentalismo, pero tampoco es muy creíble que Paul se
convierta en un profeta con lo que se ve en la pantalla.
Dune es una obra de intriga política y
de eso, en la película, casi no hay nada. Muy poco metraje sobre esos temas. Y
aunque Irulan parece tener un cierto protagonismo, el Emperador juega un papel
escaso y pobre. Contribuye mucho a ello el actor. Es un buen actor pero creo
que el papel de Emperador le queda como un tiro.
Los Harkonnen, almenos, sí que resultan
bastante bien retratados y tanto Raban como Feyd Rautha tienen excelentes
caracterizaciones. Se hecha de menos algo el sadismo del malvado na-baron
Vladimir Harkonnen, pero vaya, tampoco pasa nada.
Vista la serie de Dune del año 2000 y la
película de Lynch del 1984, todos tienen sus pros y sus contras. Por ejemplo,
los actores de la película de Lynch son magníficos: José Ferrer, Siân Philips,
Patrick Stewart… La serie es suficientemente extensa como para explicar muy
bien la historia y los intríngulis politicoreligiosos. Y la película de
Villeneuve es una gran epopeya visual y sonora, aunque le falta chicha, según
mi modo de ver.
A una película de casi tres horas de
duración (me refiero a Dune 2, si contamos Dune ya la cosa se alarga demasiado)
se le pueden perdonar muchas cosas, pero no que sea aburrida.
Almenos, no han abusado horriblemente de
los efectos especiales. De hecho, casi todo son efectos especiales, pero no lo
parecen, cosa muy de agradecer. Los gusanos, por ejemplo, recuerdan mucho a los
de la serie y no están mal, aunque tienen poco metraje de primer plano.
Y después, para el que no haya leído el
libro, no se explica casi nada del programa genético de la Bene Gesserit, de la
especia, del funcionamiento del Imperio y de un montón de cosas más que le
confieren una gran riqueza al libro, por ejemplo.
Aquí no está la excusa de que en poco
rato no se puede contar una historia tan compleja, porque se trata de dos
películas largas. Simplemente creo que, almenos en la segunda parte, se ha
pasado con las idas y venidas de los fremen por el desierto y se le concede muy
poca importancia al resto de la historia.